lunes, 29 de octubre de 2007

ES EL PRIAN

Revista emeequis, 29 de octubre de 2007.

Sucesión priista en el PAN
Por Humberto Musacchio*


La política no es una ciencia exacta, pero tiene reglas no escritas que deben conocerse. Una de ellas es que el líder –llámese presidente, tlatoani, papa u duce– debe ejercer su autoridad, pues de no hacerlo corre el riesgo de que el mando se le escurra entre los dedos y de que la indispensable centralidad del poder se pierda en una disgregación lesiva tanto para el Estado como para la sociedad.

Los últimos 11 meses los ha pasado Felipe Calderón haciendo ejercicios de calentamiento interrumpidos por algunos desatinos. El Poder Ejecutivo se manifiesta apenas en las inercias indispensables: cobrar impuestos, pagar a la burocracia, asistir a ceremonias cívicas y lanzar regaños que se estrellan con los hechos.

Cuando se ha querido mostrar alguna autoridad los resultados han sido desastrosos. El caso más a la mano lo ilustra la presunta batalla contra el narcotráfico, pues ante la corrupción universal de los cuerpos policiacos, Calderón sacó a los militares de sus cuarteles sin más resultado que exponer a las fuerzas armadas a la misma contaminación que ha convertido el concepto de seguridad pública en un enunciado vacío.

El gran problema de Calderón –y de todos los mexicanos– es que el Estado no está, por lo menos no está en el momento y la forma debidos. El actual gobierno, por decirlo de alguna manera, no gobierna, y tan no lo hace que ya fue a pedir auxilio a George W. Bush, quien, si lo permitimos, nos recetará otro Plan Colombia que llenará de dólares los bolsillos de los panistas, pero, lejos de resolver los problemas de la seguridad nacional, convertirá a México en simple guarura imperial.

Pese a lo anterior, donde se evidencia con toda crudeza la incapacidad del “gobierno” es en su propia casa. Manuel Espino, hasta ahora presidente del Partido Acción Nacional, un día sí y otro también le mueve el tapete a Felipe Calderón, promueve a Vicente Fox para líder de la Internacional Demócrata Cristiana y va por ahí poniéndole piedras en el camino al ocupante de
Los Pinos.

Lejos de darle un buen estatequieto a Espino, Calderón ya casi consume la sexta parte de su periodo sin saber cuáles son ni para qué sirven las muchas facultades constitucionales y metaconstitucionales de que dispone. No puede saberlo porque aun siendo abogado no fue a una buena universidad, así sea la de la vida, donde se lo enseñaran, pues la Escuela Libre de Derecho prepara leguleyos que sirven a la empresa privada, pero ignoran soberanamente con qué se come el Estado.

Maquiavelo consideraba “inevitable que un hombre que quiera hacer en todas partes profesión de bueno se hunda entre tantos que no lo son”. Por eso decía que el príncipe “no debe preocuparse de incurrir en la infamia de aquellos vicios sin los cuales difícilmente podría salvar el Estado, porque si se examina todo atentamente, se encontrarán cosas que parecen virtudes y sin embargo le llevarían a la ruina, y otras que parecen vicios, de los que por el contrario nacerán su seguridad y su bienestar”.

Felipe Calderón, por quién sabe qué temores, ha dejado hacer al presidente de su partido, un individuo al que Jesús Reyes Heroles o Fernando Gutiérrez Barrios habrían puesto en su lugar en tres minutos. Calderón se negó a ejercer su poder y permitió que Espino creciera hasta convertirse en un problema cuya solución está resultando más cara que el problema mismo.

Germán Martínez es un hombre inescrupuloso que gusta de nadar en las aguas negras del poder, como lo demostró en la integración del IFE de Carlos Ugalde, pero eso no lo hace hombre de Estado. Es, a lo sumo, un guarura al servicio de su jefe, incapaz de ir al fondo de las cosas y dar a los problemas soluciones definitivas. Es más: ni siquiera tiene los arrestos para enfrentarse a Vicente Fox, ni mucho menos para impedir su actitud lenguaraz.

Calderón se equivocó al meter a Martínez en la puja por el liderazgo panista. Tiene –se supone– todas las de ganar, y no puede con su contrincante, quien ya se atrevió a lanzarle a la cara una acusación terrible y con todos los visos de ser verdad: en Acción Nacional, dijo Espino, se están reinstalando las viejas prácticas del PRI. Se oye feo que el presidente del PAN se exprese en esos términos de su partido, pero así es.

El ex priista Juan José Rodríguez Prats, que algo sabe de esa materia, ante la cargada y los torpes usos del poder contra Manuel Espino, salió a denunciar que el PAN ya entró a la “etapa histórica del agandalle” y aun se dio el lujo de reclamarle a Felipe Calderón por impulsar la candidatura única de Germán Martínez.

En suma, tenemos un gobierno que no actúa y que cuando lo hace se equivoca, un gobierno sin ruta ni brújula, perdido en los pasillos de su propia casa, sin capacidad para poner reglas y siempre dispuesto a violar las que hay. No sólo asistimos a una sucesión de corte priista en el PAN, sino a la restauración de una forma de hacer política a la que creímos derrotada en 2000. En el PRI se están relamiendo los bigotes ante los aires de restauración…


* Periodista, colaborador de Excélsior y autor de varios diccionarios enciclopédicos sobre México

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