miércoles, 16 de enero de 2008

Y se vanaglorian de su "poder"

La Jornada, domingo 13 de enero de 2008

Las derechas en el poder
Arnaldo Córdova

Si muchos no lo ven es sólo porque no quieren verlo, pero los hechos están a la vista: las derechas en el poder son desastrosas. Su espíritu oligárquico no les permite gobernar más que de un modo: favorecer los intereses de los dueños de la riqueza sacrificando los intereses populares y del conjunto de la nación. Las derechas tampoco saben gobernar sino abusando del poder. Entre más poder tienen, mejor se desempeñan. Las derechas priístas tenían un poder indisputado y daban la impresión de que sabían gobernar, pero nos llevaron durante treinta años de una tragedia a otra sin solución de continuidad. La derecha panista (o, ¿las derechas?) ha resultado todavía más incompetente para gobernar, sobre todo, porque ya no cuenta con ese poder omnímodo de que gozaban las priístas.

Alguien ha dicho recientemente que los panistas son más cínicos en el ejercicio del poder que nuestros antiguos gobernantes priístas. Siendo cierto eso, yo agregaría que son, con toda evidencia, más irresponsables. Han olvidado por completo las enseñanzas de su fundador, don Manuel Gómez Morín, quien, influido por las enseñanzas de la doctrina social de la Iglesia, creía de verdad en la justicia social. Todo el que lea sus escritos tiene que admitir que muchos de sus argumentos e incluso muchas de sus propuestas podrían compartirse. Los panistas de hoy crecen ideológicamente con un odio visceral hacia lo que consideran de izquierda y, como la izquierda quiere siempre hablar a nombre del pueblo, en el fondo odian al pueblo, que para ellos es siempre el pueblo naco.

Cuando llegan al poder, actúan en consecuencia. Ellos están convencidos, como lo estuvieron los priístas derechistas que nos gobernaron durante decenios, que los únicos que pueden desarrollar la economía y construir el nuevo país en el que ellos piensan (tan confuso como todo lo que se alberga en sus mentes) son los que tienen el poder de la riqueza y de lo que ellos consideran es la cultura. Hay que gobernar para ellos cuando se tiene el poder. El pueblo es una noción que muy pocas veces aparece en el ideario panista y, para ellos, es el pueblo que trabaja con éxito empresarial y prospera y logra un buen nivel de vida. Los jodidos que viven de su trabajo, como asalariados o de la tierra, tan sólo con sus manos, o los comerciantes informales, ésos no son el pueblo en el que ellos piensan. Su pueblo es esencialmente clasemediero y tan proyanqui como lo son ellos mismos.

Gobernar para el pueblo y realizar la justicia social no está en el ideario de la derecha. El pueblo de los jodidos es, simplemente, un estorbo que prefieren dejar a las izquierdas para se entretengan con sus discursos demagógicos y vacíos. Si ese pueblo se alebresta queda siempre la fuerza represora del Estado y contra ella no tiene con qué responder. Están convencidos de ello. Para los panistas ultramontanos y yunquistas, la verdadera sociedad es la sociedad bonita a la que ellos piensan que pertenecen. La que nos dio el gran espectáculo en las bodas del panista Jorge Zermeño y del priísta Humberto Moreira, en las que el poder económico y el poder político se dieron la mano en el típico modo de ser de la derecha (panista y priísta).

Las derechas no tienen ideología, tienen intereses y a ellos responden siempre. Las ideas descerebradas con las que gobiernan siempre están referidas a sus intereses. El hacer promesas en las campañas electorales les parece que es sólo un recurso para ganar votos y no se ruborizan cuando, ya llegados al poder, se olvidan tranquilamente de las mismas. Sienten y piensan que los votantes les dieron el poder para que hicieran con él lo que les dé la gana. Saquear un erario público que hoy, a pesar de los pésimos sistemas de recaudación, es más rico que nunca, y dar a manos llenas el dinero de la nación a los empresarios, sus verdaderos héroes o apropiárselo ellos mismos, les parece la cosa más natural del mundo.

No hace muchos años, echábamos la culpa a los tecnócratas dogmáticos y obsesivos por el mal gobierno. Es algo que requiere ser revisado. No era, en el fondo, por ser tecnócratas que cometían tantos y tan flagrantes errores; era porque eran unos derechistas consumados. Sus errores no eran sólo técnicos o instrumentales; eran propósitos abiertamente derechistas y reaccionarios. Todavía no entiendo por qué muchos les llamaban "neo liberales" cuando debieron haberlos llamado por su verdadero nombre: derechistas. Nadie sabe a ciencia cierta lo que es un "neo liberal", pero todos podemos entender lo que es un derechista.

Ciertamente, la derecha, como la izquierda o el centro mismo, cambian continuamente de signo. Yo, de Gómez Morín e incluso del ultramontano González Luna, no veo nada en los actuales panistas. Por sus intereses podemos conocerlos y nos han dado sobradas muestras de lo que son. Es en sus intereses que se diferencian, pero coincidiendo todos. Yo ya no veo mucha diferencia (excepto de siglas) entre la derecha priísta y la derecha panista (y hasta la derecha perredista). Todos buscan lo mismo: congraciarse con los dueños del capital y abrirles todos los caminos para que se enriquezcan sin medida. ¿Qué diferencia hay entre el presidente de México que a un hombre que no tenía más que inversiones sin ser todavía un empresario le entregó la varita mágica del enriquecimiento sin medida que se llamó Telmex y los que luego nos han gobernado haciendo de Televisa y de Tv Azteca un poder decisorio en la política nacional?

En política internacional, los gobiernos panistas han sido un fracaso total. Los priístas, que luego se volvieron derechistas, sabían hacer mucho mejor las cosas. Los panistas no tienen ni idea del mundo en que viven. La peor experiencia con ellos ha sido la tragedia de nuestros compatriotas que se han visto forzados a abandonar el país para buscar un mejor futuro en Estados Unidos. No les importa un bledo. No es su asunto. Es asunto de los jodidos de siempre que no saben hacer negocios ni ganarse la vida. Nos han dicho siempre que quieren un nuevo trato con la potencia receptora. Pero todo lo que hacen favorece el modo en el que las autoridades norteamericanas tratan a nuestros connacionales. Los yanquis saben que los panistas en el gobierno no tienen ningún interés en ello.

Que Felipe Calderón quiere privatizar Pemex, es un hecho. Nuestra compañía petrolera no necesita de inversión privada como lo sugirió varias veces el mismo Cuauhtémoc Cárdenas. Bastaría con que se le tratara como una verdadera compañía y no se le quitara el noventa por ciento de sus colosales ingresos para financiar a políticos y empresarios. Con ello le bastaría para ser una empresa modelo, como Petrobras de Brasil, que no cuenta con los cuantiosos recursos naturales de la nuestra. La inversión privada debería ser estrictamente complementaria y bien controlada. Que no le interesa el negocio, bueno, pues que no entre en él. Y es sólo un ejemplo de lo que la derecha hace en el poder.

Con la derecha en el poder, nuestro país va directo al destazadero y, si los demás no reaccionamos, un día no muy lejano nos encontraremos con que ya no tenemos país o, como dice Carlos Fernández-Vega, es un "México SA", sin otra identidad que la de los buenos negocios para los ricos y los extranjeros.

sábado, 5 de enero de 2008

¡ V O R A C E S !

El Universal. Sábado 05 de enero de 2008

Minisalarios y meritocracia
José Luis Piñeyro


El pasado aumento de 4% al salario mínimo igual a 2 pesos y centavos no sólo es un insulto repetido durante los últimos 25 años sino también otro reflejo de la desigualdad estructural en México. Aumento que se pretende justificar por partida doble: es un porcentaje igual a la inflación anual y no representa más que un indicador general pues muy pocas personas ganan un salario mínimo, alegan los empresarios. Pero el precio de los bienes de la canasta básica tuvo un aumento del 30%, esto antes del esperado gasolinazo inflacionario del 2008, además, son mentiras que pocas personas ganan un minisalario, son 5 millones 278 mil y 8 millones 670 mil quienes reciben dos ingresos, según el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, es decir, casi 18 millones de mexicanos.

A las mentiras empresariales se agregan las de analistas económicos que justifican que los elavadísmos ingresos y compensaciones de la alta burocracia obedecen a su alta calificación técnica y el grado de responsabilidad en la toma de decisiones para el futuro nacional, además se afirma que es lo que deben percibir respecto a lo que sus pares ganan en el mercado internacional. O sea, estos especialistas representan una oferta de trabajo reducida mientras que, por ejemplo, los jardineros o plomeros conforman una amplia oferta laboral poco calificada, por esto deben ganar mucho menos y por no tener responsabilidades de Estado. Afirman que, para reducir el enorme diferencial salarial entre “los que saben y los que no saben”, se requiere de una amplia inversión educativa en capital humano que permita generar más riqueza para así mejorar el nivel de vida general.

Como con los empresarios, este razonamiento abstracto resulta convincente, pero no considera rasgos del mercado mexicano que lo hacen mundialmente famoso: la inmoral hiperconcentración del ingreso y de la riqueza y la espantosa pobreza y desempleo donde sobreviven más de la mitad de la nación. Suponer que solamente con capital humano de alta calificación y aumento de la productividad se van a reducir las diferencias salariales y desconcentrar el ingreso es perversidad pura o increíble ingenuidad. Tan no es así que los migrantes indocumentados a EU tienen un creciente componente universitario: 225 mil técnicos y profesionistas anuales informa el Consejo Nacional de Población, más la fuga de casi 500 mil profesionales y posgraduados reconocidos por la Secretaría de Relaciones Exteriores.

En realidad, los tecnócratas antes priístas y hoy panistas en el poder del Estado desde hace 25 años, han salido muy caros a la nación, basta ver el desastre humano, económico y cultural recurrente señalado por investigadores mexicanos y organismos financieros internacionales y de Naciones Unidas. La sistemática descapitalización de trabajadores calificados y no vía la migración masiva a EU es uno de los efectos de la política económica neoliberal reproducida por dichos tecnócratas y legitimada por un ejército de intelectuales.


En los años 80 del siglo pasado, ciertos académicos con descarnada o cínica actitud reconocían que México y América Latina eran sociedades de los dos tercios, esto es, el otro tercio sobraba para cualquier plan de desarrollo económico debido a su atraso educativo y técnico, había que aplicarle planes de combate a la pobreza para mantenerlo en sobreviviencia de donde nunca saldría y sobre todo para mantenerlo bajo control político; el otro tercio era susceptible de mejorar su atraso relativo mediante capacitación laboral y educativa.

Hoy, a principios del siglo XXI, la “solución” de los nuevos intelectuales y del Banco Mundial es elevar el nivel educativo del capital humano. Chiste de mal gusto pues hoy en ciertas sociedades de Latinoamérica como la de México, habría que hablar de la sociedad de las dos mitades, una excluida de los beneficios del salvaje capitalismo neoliberal y otra que también se reduce con la paulatina desaparición de los sectores medios y la consolidación de élites económicas, políticas e intelectuales. El inicio del 2008 lo marcará la elección de los consejeros electorales y la inflación, para tales puestos no se requiere especialistas como no lo fueron Luis Carlos Ugalde y todos los consejeros salientes, cualquier profesor universitario o ciudadano promedio debería ocuparlos con base en sus méritos pero con salarios menos insultantes para la mayoría ciudadana. La bolsa de 10 millones de pesos que se llevó Ugalde en prestaciones y sueldo más los salarios y prebendas de que gozan los diputados (EL UNIVERSAL 21/XII/07) son ejemplo de la supuesta meritocracia que hay que controlar como futuro ejercicio democrático directo.

jueves, 3 de enero de 2008

¡QUE BAJADA DE CALZONES!

Excélsior, jueves 03 de enero de 2008

TLC: los saldos del entreguismo
Humberto Musacchio


El mundo, es cierto, tiene buen rato de avanzar hacia la globalización y resistirse a ella es como oponerse a la ley de la gravedad. Se trata de un proceso objetivo generado por las condiciones mismas de la economía internacional, en el que a las grandes empresas, lo mismo que a las potencias, les va quedando chico el mundo.

Una condición de existencia del capital es su expansión. Toda empresa o inversionista que se conforma con mantener sus dimensiones acaba por evaporarse, arrollado sin contemplaciones por la competencia. Esa necesidad de ampliar el ámbito de acción del capital ha generado el fenómeno de los mercados comunes y los tratados de libre comercio.

En el caso de Europa, donde se desarrolla el más avanzado y exitoso de estos procesos, se ha ido más allá de la eliminación de fronteras y aranceles, para pasar a la adopción de la moneda única y dar pasos hacia la unidad política, lo que hace unos cuantos años hubiera resultado impensable.

La unidad política de Europa ha logrado la apertura de fronteras para el libre flujo de mercancías, capitales y personas. Existe desde hace años un parlamento común y no hace tanto se adoptó una constitución que por diferentes causas ha suscitado el rechazo de una minoría de los países miembros de la UE, pese a lo cual avanza, en las leyes y en las mentalidades, la idea de una efectiva unión política.

Por supuesto, los pasos dados hasta hoy no han sido en todos los casos igual de consistentes, pero es un hecho que la mayoría de los gobiernos han mostrado suficiente voluntad política como para superar las barreras levantadas por el chovinismo, los rencores históricos y los sectores sociales afectados.

Muy otro es el problema con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Aquí no son grupos minoritarios los afectados negativamente por el TLC, sino amplísimas franjas de población que han visto desaparecer sus formas tradicionales de subsistencia, sin recibir a cambio los presuntos beneficios de la modernidad. Una prueba contundente de los gravísimos daños causados por el Tratado está en los paisanos que se han ido a establecer en Estados Unidos, donde, además de los que van y vienen cada año, viven ya once millones de nacidos en México, la mitad de los cuales se ha ido en el curso de los últimos 13 años, los de vigencia del TLC, que lejos de traerles la prosperidad prometida por Carlos Salinas de Gortari, han sido de desempleo y más pobreza.

Los defensores del tratadismo arguyen que hoy los mexicanos podemos comprar vinos extranjeros más baratos o tenemos mayor surtido de bienes de consumo duradero, pero tales beneficios resultan mezquinos si se considera que recaen fundamentalmente en los sectores con más poder de compra, los cuales, por definición, son minoritarios.

Donde la aplicación del Tratado tiene tintes trágicos es en el agro, en el que apenas 6% de los campesinos son considerados “competitivos” por las autoridades mexicanas. En efecto, ese ínfimo porcentaje engloba a los productores de mercancías de alta demanda en el mercado de Estados Unidos, exportadores opulentos desde antes de firmarse el TLC. Lo terrible es que la abrumadora mayoría dedicada al monocultivo, la misma que ha visto agudizarse el deterioro de su nivel de vida en estos años, sabe que no tiene futuro al suprimirse todo gravamen al maíz y el frijol estadunidenses.

Con una patética mezcla de impotencia y cinismo, el secretario de Agricultura ha dicho que no nos preparamos para esta apertura. En efecto, los últimos gobiernos priistas y luego los panistas, de Salinas a Calderón, se han encogido de hombros ante el problema. Aquello de que no nos preparamos equivale a decir que no tomamos medidas ante nuestro suicidio.

Después del fraude electoral de 1988, Carlos Salinas de Gortari, en su afán de legitimarse, buscó la bendición de Washington por todos los medios a su alcance, entre otros, la firma del TLC. Los negociadores por la parte mexicana eran algunos tecnócratas improvisados que en la mesa exhibían una y otra vez su entreguismo apátrida, al extremo de que, con una sonrisa entre satisfecha y burlona, integrantes de la contraparte relataban que esa era una de las negociaciones más fáciles que habían afrontado.

Hoy conocemos el costo de aquella capitulación. Los enviados de Salinas anunciaron muy ufanos que habían sacado el petróleo de la negociación, aunque en todos estos años lo han malbaratado para cubrir su impotencia en el cobro de impuestos. Asimismo, dijeron que habían convenido el libre paso de mercancías y capitales, como si se tratara de dos economías en igualdad de circunstancias. Pero lo peor fue que, intencionalmente, para halagar al vecino, aceptaron dejar fuera el libre paso de personas, y ahora el problema nos estalla en la cara con el endurecimiento del racismo gringo que se expresa en la aprobación de leyes contra los migrantes y en la campaña electoral, donde los candidatos a la Casa Blanca compiten en su antimexicanismo. ¡Gracias, licenciado Salinas!

martes, 1 de enero de 2008

CUALQUIER PARECIDO CON 1910 ES MERA COINCIDENCIA



La imagen corresponde al diputado electo Carlos Barragán, explotador de niños.


Reforma, lunes 31 de diciembre de 2007

El cafecito del diputado
Roberto Zamarripa

Jesús Alberto Campos Hernández tiene seis años de edad. Está de vacaciones. Bueno, eso es un decir. Sus supuestas temporadas de recreo las pasa en una finca cafetalera en la Sierra Norte de Puebla donde corta grano de café para acumularlo en una cubeta que, cuando está repleta, pesa tres kilos. Con una cubeta rebosante de granos, Jesús Alberto gana cinco pesos. En 10 horas de labor puede llenar hasta 10 cubetas. El pago se lo dan a su papá, quien al final decide cómo repartirlo.

Jesús no conoce a su patrón o al dueño de la finca, aunque si quisiera conocerlo podría encontrarlo en el Congreso de Puebla a partir del 15 de enero. Se llama Carlos Barragán, ex alcalde del paupérrimo municipio de la Sierra Norte de Puebla, Xicotepec de Juárez. Apenas en noviembre, Barragán ganó la elección local que lo convirtió en diputado postulado por el PRI y el Partido Verde.

El niño Jesús Alberto, quien no llega ni al metro de estatura y va en primero de primaria, fue encontrado por el reportero Francisco Rivas durante una visita a las fincas cafetaleras de la Sierra Norte (Reforma, 28/12/07).

Rivas documentó las miserables condiciones de jornaleros en las fincas de Oro Verde, Santa Rosa, Los Mataderos, Las Águilas y la Finca Puebla. La mayoría son propiedades de los alemanes Neumann y de Martin Josephi. La finca Las Águilas es propiedad del priista Carlos Barragán.

El 16 de diciembre, 20 jornaleros poblanos y veracruzanos, varios de ellos niños, murieron al desbarrancarse un camión torton fletado por los dueños de las fincas y que transportaba amontonados a un centenar de trabajadores. Ese accidente recordó las condiciones en las que laboran los jornaleros del café.

Conforme el reporte de Rivas, en la Sierra Norte de Puebla la Finca Puebla de la empresa Neumann es conocida como "El reclusorio", dadas las condiciones de trabajo, mientras a la finca Oro Verde de Martin Josephi la llaman "el campo de concentración".

Carlos Barragán también fleta camiones para trasladar a los jornaleros. Como los dueños de otras fincas basa el corte del café en mano de obra barata a la que no le da prestación alguna y la mantiene como a principios del siglo pasado, en la lista de raya, de donde es descontado el uso de un petate cuando algún campesino se queda a dormir en el campo, el consumo de un plato de frijoles o el mismo transporte donde viajan amontonados.


La finca de Barragán está localizada a unos 10 kilómetros de La Ceiba, un poblado más cerca de Poza Rica, Veracruz, que de la capital poblana. Ahí ya no se distingue si el jornalero es veracruzano o es poblano. No se les pide ninguna prueba de identidad. Reciben un peso con 80 centavos por kilo recolectado y trabajan hasta 12 horas. En la finca de Barragán no hay dormitorios. Ahí cortan y se van. En la de los empresarios alemanes sí, pero son cuartos de seis por cuatro metros donde hay dos literas desvencijadas y unos petates. Si duermen se les descuentan 60 centavos y cada quincena se los borran de la lista de raya, según cuenta el reportaje de Francisco Rivas.

Tras el accidente del torton, la Secretaría del Trabajo de Puebla informó que inspeccionaría una de las fincas de los empresarios alemanes para saber las condiciones en las que laboran los jornaleros. Pero en su agenda no está revisar todos los campos de trabajo, menos el del diputado Barragán que ahora hasta fuero puede alegar para evitar ser castigado por la ilegalidad de contratar niños.

En la finca de Barragán se produce el café de la empresa conocida como Café Premier de Norteamérica (según dice la página de internet del propio político). Fue fundada en 1997 cuando Carlos tenía 24 años. Apenas el pasado 8 de diciembre cumplió 35. Cursó hasta la preparatoria y le ayudó desde adolescente a su papá Rigoberto en los negocios familiares. En el 2002, Barragán creó una empresa constructora llamada CARBASA que felizmente gana contratos de obra en el ayuntamiento de Xicotepec. En el 2005 fue electo alcalde de esa localidad, cargo al que renunció para lanzarse como candidato a diputado local.

Cuando el PRI presentó a sus candidatos a diputados en julio pasado, el presidente estatal tricolor, Valentín Meneses, dijo que esos aspirantes representaban al "nuevo PRI".

El "nuevo PRI" donde los gobernadores hacen tratos con pederastas y los diputados explotan a los niños.

Si la Suprema Corte coloca en la frente del gobernador de Puebla una estrella por su impecable comportamiento, por qué en la finca cafetalera de un diputado del tricolor no pueden explotar a niños jornaleros, pagándoles un peso por kilo de café recolectado, con jornadas de 12 horas sin descanso, trasladados en ataúdes rodantes a los campos y sus padres obligados a votar por el PRI el día de los comicios.


Total, los priistas poblanos dirán que son historias infantiles.