
sábado, 18 de julio de 2009
sábado, 30 de mayo de 2009
viernes, 10 de abril de 2009
PRIMERO COMO TRAGEDIA Y AHORA COMO FARSA

10 de abril de 2009
Opinión Análisis
Opinión Análisis
Guerra sucia en 2009
Jenaro Villamil
MEXICO, D.F., 7 de abril (apro).- Los mismos personajes y asesores que sembraron el odio en 2006 vuelven por sus fueros para articular una peculiar campaña de guerra sucia en la contienda federal de 2009.
El asesor español Antonio Solá -recién derrotado en El Salvador y con un pésimo expediente en Yucatán donde hizo perder al PAN--, junto con las recetas del estadunidense Dick Morris, han dejado su huella en las recientes embestidas del dirigente nacional del PAN, Germán Martínez, contra el PRI, partido al que las recientes encuestas ubican como el de mayor índice en las preferencias electorales.
La suspicacia que pretende curar el espanto sugiere que las recientes andanadas verbales de Beatriz Paredes, Manlio Fabio Beltrones, Jesús Murillo Karam y Francisco Labastida contra Germán Martínez, constituyen un simple "pleito arreglado" o un talk show como el que protagonizaron Paredes y Martínez en Espacio 2009, el programa "juvenil y estudiantil" de Televisa. De paso, le permitieron a la empresa de la dinastía Azcárraga demostrar quién llevará el pandero en materia de comunicación política este año.
Sin embargo, el talk show rebasa el set televisivo. Los desplegados con "sopas de letras" del PAN; las entrevistas de prensa tronantes de Beltrones, y la incursión de Germán Martínez como bloguero que un día sí y otro también nos recuerda la vertiente fascista de algunos dirigentes del PAN.
Hasta ahora, la andanada del PAN le ha salido barata. El Consejo General del IFE decidió multar con 465 mil pesos a este partido, un costo menor a lo que le cuesta al PAN pagar en cualquier diario de circulación nacional sus "sopas de letras". La Lotería Nacional pretendió desviar 6 millones de pesos de recursos públicos para promover al candidato campechano del PAN en medios locales.
Lo más sintomático fue que el propio presidente del IFE, Leonardo Valdés, afirmara que este tipo de tácticas no se trata de un acto anticipado de campaña. Como si hiciera llamados a misa, Valdés giró instrucciones al secretario Ejecutivo para que investigue si se cumplieron las medidas cautelares que ordenó el retiro de los desplegados.
Valdés acreditó así lo que Germán Martínez afirmó el pasado 3 de abril: "Esto no es un asunto electoral ni cuestión personal. La campaña, señores priistas, todavía no empieza. Vendrá después y ahí habrá ocasión para contrastar posturas, comparar resultados de gobierno y confrontar propuestas".
Esta es una de las características clásicas de la guerra sucia: la simulación. Quien tira la piedra, esconde la mano; quien califica a los demás de "peligro para México" afirma que se trata del ejercicio legítimo de la libertad de expresión y pone a circular el dinero de otros para financiar los mecanismos de propaganda, para borrar las huellas de la fiscalización electoral.
La otra característica esencial es el arrinconamiento. La guerra sucia no busca el debate ni contrastar propuestas. Plantea el clásico esquema maniqueo, propio de los fascismos: "estás conmigo o estás contra mí", y quien está en contra mía es criminalizado y es señalado no como adversario, sino como enemigo que merece la eliminación. No es un instrumento de democracia electoral, sino de totalitarismo ideológico.
En los hechos, lo que Germán Martínez, un sector del PAN y el gobierno de Felipe Calderón están demostrando, es su enorme desprecio a la reforma electoral de 2007 que ellos mismos promovieron para acabar con la guerra sucia, que llevó al país a la polarización extrema en 2006. En este sentido, se ponen en sintonía con las televisoras que están desafiando la misma reforma por haber suprimido legalmente el mercado de compra-venta de spots.
Y el IFE, cuyos consejeros añoran ganar más de 300 mil pesos mensuales, simplemente se sigue hundiendo en el descrédito. Ni siquiera de oficio han sancionado a la Lotería Nacional, cuyo director abiertamente pretendió sobornar al Diario de Yucatán para violar la ley electoral.
El problema ahora es más grave que en 2006 por una razón elemental: el calderonismo pretende sacarle ventaja electoral a lo que constituye el asunto más delicado de su gestión: la guerra sin futuro contra los cárteles de la droga. Ya eligió un enemigo -el PRI y sus presuntas complicidades con el narcotráfico--, pero está en la ruta de morderse no sólo la lengua, sino de generar una auténtica contraofensiva, no de los dirigentes priistas, sino de los mismos aliados del crimen organizado que se sentían "fuera de foco" en la campaña de 2009.
Guerra sucia con guerra contra el narcotráfico y crisis económica es el coctel más explosivo que pueden ensayar los aprendices de brujo del PAN. La respuesta del PRI -ya se vio con las recientes declaraciones del senador Manlio Fabio Beltrones-- se centrarán en algo que puede conducir a un camino sin retorno: recordarle al calderonismo su falta de legitimidad y que existen facturas que cuestan más de lo que valen.
No sólo es un talk show lo que hemos vivido en los últimos días. Se han abierto las compuertas para que los carteles operen en función del rédito electoral del gobierno y para que los ánimos belicosos que circundan Los Pinos se transformen en una guerra real y no en una simple sopa de letras.
Si eso no lo han entendido Solá, Martínez, Zavala y los otros asesores del partido gobernante, entonces quiere decir que no buscan gobernar, sino incendiar el país.
viernes, 6 de marzo de 2009
IDEÓLOGO DE LA DERECHA (DE CLÓSET)

1 de marzo de 2009
Krauze incita a los empresarios a rebelarse
Álvaro Cepeda Neri
El historiador Enrique Krauze (y sus acólitos del más antiguo conservadurismo a la extrema derecha contemporánea e intelectuales exquisitos prendidos a las ubres empresariales), a raíz de sus visitas (todo pagado) a Venezuela para analizar, a su manera, al populista Hugo Chávez, se ha vuelto más activo ideológicamente.
Álvaro Cepeda Neri
El historiador Enrique Krauze (y sus acólitos del más antiguo conservadurismo a la extrema derecha contemporánea e intelectuales exquisitos prendidos a las ubres empresariales), a raíz de sus visitas (todo pagado) a Venezuela para analizar, a su manera, al populista Hugo Chávez, se ha vuelto más activo ideológicamente.
Y con motivo de sus palenques para presentar su libro –compitiendo con Luis Pazos para ver quién publica más– ha radicalizado su ferocidad, presa de intolerancia política y dizque cultural, propietario que presume de creerse el clon de Paz y deux ex machina intolerante con las demás religiones por él practicadas, para tratar de exorcizar a quienes no comulguen con sus ruedas de molino.
Es fanático del absoluto libre mercado; de la libertad absoluta y fisiocrática; desfasado del “dejar hacer, dejar pasar” (Ronald L. Meek, La fisiocracia), porque ignora el rendimiento histórico desde cuando menos la Ilustración a nuestra modernidad (de Kant a Kelsen); y de que la conducta ha de normarse jurídicamente y si es más o menos democrática y republicana la convivencia de una sociedad abierta, entonces los fines de esos medios jurídicos lo son de carácter republicano-democrático en la dirección de Tocquevielle a Popper.
Krauze se ha caracterizado por su militancia (como prolífico copiador de biografías políticas, sobre todo). Es adversario del priismo y enemigo a muerte del perredismo. Derechoso, sus inclinaciones están por el panismo, quizá repudiando a los yunquistas con los que choca por instinto religioso (El instinto religioso de R.C. Zaehner, y de Salvador Frausto y Témoris Greco, El vocero de Dios). Pero Krauze es, ante todo, exitoso comerciante: libros, conferencias, notas periodísticas, e ideólogo. A su regreso de Venezuela, se fue a la capital de España para celebrar el mesianismo chavista y ser entrevistado (El País, 16 mayo de 2008).
Tiene Krauze a sus preferidos y sólo ellos tienen cabida en su capilla. Han de tener tendencias neoconservadoras, simpatizantes de la democracia “sin adjetivos”, neoliberales que religiosamente postulen el libre mercado con libertad absoluta (pasando por alto la siempre necesaria regulación del mercado antes y después de Adam Smith, y su “mano invisible” con artritis durante todo el lapso del capitalismo “desde hace cuatro milenios y, en particular, del capitalismo de aventureros y de rapiña”).
Krauze, empero, perdona con sus intereses ideológicos y apoya al neoliberalismo comercial y que los mercados sean totalmente libres, como buen darwinista social que es (R. H. Coase, La empresa, el mercado y la ley, y de Norberto Reich, Mercado y derecho). Por lo tanto quiere empresarios, banqueros, financieros, patrones y, en suma, a toda la elite del dinero, dedicados a la explotación de los trabajadores y mucho muy activos, pero sólo apoyando a las políticas conservadoras y derechistas (en su tiempo lo fueron nazis y fascistas), y para combatir al resto de las políticas y máxime si son populistas, izquierdistas como todas aquellas que huelan a pueblo.
Si esos empresarios no la emprenden también contra los del centro a la izquierda, entonces deben ser colgados. Son los empresarios “miopes” (citando para parecer imparcial a Lenin): “Son especialistas en mirar a corto plazo… son tan miopes que nos van a vender las sogas con las que vamos a colgarlos” (Reforma, 12 de diciembre de 2008). Se duele Krauze de la situación política venezolana, mientras pasa por alto la mexicana con los azules del foxismo y del calderonismo.
Obviamente que todos los ciudadanos han de interesarse, actuar en los actos políticos y permanecer alertas políticamente. Pero Krauze los convoca a intervenir desaforadamente: “…En México, seguimos dormidos… el nivel de las páginas editoriales en los diarios es penosamente bajo, salvo excepciones”. No da nombres, tira la piedra y esconde la mano derecha.
Dice este intelectual orgánico del conservadurismo que en Venezuela existe “una izquierda democrática y liberal moderna”. Allá, pues, presume de estar a la izquierda en simpatías. Aquí se alinea a la derecha, y se va como siempre, contra las universidades públicas mexicanas y alaba las venezolanas porque éstas tienen estudiantes de extrema derecha.
En el exquisito Club de Industriales (corbata, saco, camisa blanca, como exigencia para poder librar la admisión, o a la entrada rentan la indumentaria), Krauze “alertó” a los empresarios como él para que dejen a un lado la “antipolítica” (como ya lo hacen a través del duopolio televisivo, a pesar de las sanciones si incurren en financiar campañas electorales contra los de centro-izquierda).
Krauze quiere un castillo de la pureza para constituir partidos y empresarios a imagen y semejanza de su ideología. Siempre ha tenido ambición por el poder, aunque sea tras el trono. Todo su trabajo es sobre el poder (Hans Kelsen, Eros y Kratos o la ambición por el poder de Aristocles, alias Platón). Y lo único que extraña es no tener “huevos rancheros” con harto picante cuando se va al extranjero.
Admira a Lula da Silva, odia a Hugo Chávez, a López Obrador. Admira a Calderón. Eso sí, para todo invoca, metafóricamente y no, al picante del chile (chili o ají, le corrigieron en Chile). La alternativa es clara: empresarios más activos y más allá de la frontera de la “antipolítica” o colgados con las sogas que ellos mismos, como buenos capitalistas del mercado libre absoluto, vendan, como propone el señor Krauze.
jueves, 26 de febrero de 2009
DIGNOS APÓSTOLES DE LAS DEMOCRACIA

Excélsior, jueves 26 de febrero de 2009
Los consejeros del IFE ponen el ejemplo
Humberto Musacchio
Humberto Musacchio
¡Basta de lloriqueos! Es cierto que nos llueve sobre mojado, pero en ese caso hay que sacar paraguas e impermeables. De nada sirve omitir los datos que ofrece la realidad. La situación económica del país era lamentable, con 52% de la población ocupada en la economía informal, sin salario fijo, ni seguro social, fondo de retiro, Infonavit ni otras prestaciones, pero ahora que se nos vino encima la crisis internacional se muestran temerosos, como si no estuvieran acostumbrados.
Los buenos mexicanos no se doblegan ante la adversidad. No vamos a negar que hay problemas, que el peso se ha devaluado casi cincuenta por ciento en unas cuantas semanas, que la inflación se disparó en los bienes de primera necesidad, que ya son dos millones y cuarto los desempleados, que cayó a la mitad el ingreso de divisas petroleras y que nuestras exportaciones perdieron un tercio de su valor. Sí, ¿y qué? ¿Sólo por eso nos rendiremos?
Nadie debe arredrarse si ve que se cierran fábricas, que muchos miles de negocios han ido a la quiebra, que afloran los fraudes financieros y que aumenta notoriamente la cantidad de ladrones y limosneros, sin contar a los políticos. Estamos en crisis y de nada sirve negarlo, pero de eso a declararnos vencidos hay un océano de diferencia.
Cuando todo parece ir de mal a pésimo, es cuando más se requiere entereza. En vez de llorar porque no alcanza el gasto, las amas de casa han de celebrar que algo reciben todavía; el burócrata que adeuda el coche no debe preguntarse cómo pagará el abono mensual, sino cómo ponerle gasolina de la roja, la más cara, para que funcione mejor; el desempleado tampoco puede sentarse a lamentar su desgracia, sino que está obligado a aprovechar la crisis para hacer buenos negocios, como nuestros magnates.
Hoy la única actitud aceptable es el optimismo. Por supuesto, hay que ser conservadores, pero en el buen sentido de conservar nuestros lujos y el tren de gastos que caracteriza a una persona bien nacida, como han decidido hacerlo los señores consejeros del IFE, quienes lejos de dejarse abatir por la desgracia, han sacado fuerzas de flaqueza y hoy ponen a los mexicanos el ejemplo de cómo se responde ante la adversidad.
Estos próceres, movidos seguramente por el desinterés, han decidido decirle no a la tragedia nacional y mundial. Mientras algunos magos de las finanzas están en la cárcel o se han suicidado, los consejeros electorales han optado por rendir homenaje a la vida, a la buena vida, lo que requiere más valentía, pues no es fácil aumentarse el sueldo en medio de la miseria generalizada, sobre todo cuando millones de mexicanos piensan que el IFE no es más que un bote de basura electoral.
Pero evidentemente los señores consejeros tienen otro concepto de sí mismos. No se consideran simples empleados de los partidos, sino monumentos vivos al civismo y la democracia. De otra manera no se explicaría que decidan elevarse los sueldos en un ciento por ciento, pues su ingreso mensual pasa de 172 mil a 330 mil pesos, a lo que en este 2009 debe añadirse un bono de 60 días de sueldo por ser año electoral.
Si alguien cree que los señores consejeros están satisfechos con esa fortuna, sépanse que no. Que también recibirán una prima vacacional y otra quincenal, 40 días de aguinaldo, seguro de vida, seguro de retiro, un seguro de separación individualizado y seguramente gastos de representación, pues un funcionario público de tan alto nivel sólo baja de su pedestal para asistir a los restaurantes más caros, pedir de entrada el caviarcito y de plato fuerte la infaltable langosta, todo rociado con los mejores caldos —“cosecha del 72, que salió muy buena”, se les oye decir a otros comensales, pues hay que presumir de refinamiento, aunque por ridículos y ostentosos parezcan nuevos ricos, burócratas arribistas, politicastros rastacueros—.
Desde luego, tan dignísimos árbitros de la voluntad popular no pueden ir al ISSSTE a codearse con la pelusa, hacer colas y recibir malos tratos de personal mal pagado. ¡Faltaba más! Los señores consejeros del IFE disponen de un seguro médico privado, y no de los más baratos, porque el lema de tan distinguidos servidores públicos es servirse a sí mismos y que no se note la pobreza —la pobreza moral, se entiende—.
Por supuesto, los señores consejeros tienen una coartada… ¡Perdón! Tienen el respaldo de una disposición constitucional según la cual sus ingresos han de ser los mismos que perciben los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Casos como estos son para tomarse en cuenta. Pues malo sería que tan valientes escuderos de la democracia, ni más ni menos que los garantes de la legalidad electoral, anduvieran por ahí dando lástimas, con las coderas del saco y los fondos del pantalón luidos, con la camisa percudida y grandes agujeros en la suela del zapato, molachos por falta de buen dentista y con el cuello lleno de jiotes por la desnutrición, como un mexicano cualquiera. Que la República no lo permita. ¡Carajo!
martes, 17 de febrero de 2009
SE ACERCA LA HORA DE LOS CUCHILLOS LARGOS PARA LAS TELEVISORAS

17 de febrero de 2009
Opinión Análisis
IFE: terroristas y cobardes
Álvaro Delgado
MÉXICO, DF, 16 de febrero (apro).- Por unas horas hubo la impresión de que los consejeros del Instituto Federal Electoral (IFE) honrarían su investidura, hasta por razones de pragmatismo, y sancionarían a Televisa y Televisión Azteca por las violaciones constitucionales y legales que cometieron, pero al final no hubo sorpresas: fueron congruentes con su origen y ratificaron su condición de empleados de las facciones de poder.
El caso del consejero Marco Antonio Baños es inequívoco: de ser tenaz promotor del castigo a las televisoras, desde el mismo día del desacato a la ley en la transmisión de promocionales --el sábado 31 de enero--, pasó a ser entusiasta animador del perdón y de la impunidad.
Baños --que será consejero hasta el 2016-- exhibió a plenitud, en la sesión del Consejo General del viernes pasado, la efigie de Manlio Fabio Beltrones que trae dibujado en su propio rostro y que, en sí mismo, representa un mensaje a la manera de la mafia:
El senador priista prueba a las televisoras --para fines futuristas-- el nivel de control de amplias parcelas del tinglado electoral.
Porque otorgar el indulto a las televisoras pudo haber sido propuesto por Marco Antonio Gómez Alcántar o Francisco Guerrero, dos consejeros de la facción priista, y el resultado hubiera sido exactamente el mismo, pero el mensaje no tendría la claridad buscada: Beltrones, no sólo Peña Nieto, se pone a las órdenes de Televisa y Televisión Azteca.
Obviamente Felipe Calderón hizo su parte: aleccionó al elenco de consejeros del que es cómplice, Arturo Sánchez Gutiérrez y Benito Nacif --a Macarita Elizondo no la necesitaron por ahora-- para hacer mayoría con la facción priista y consumar el "arreglo" operado por el secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, como lo confesó él mismo, con toda impudicia.
Las conductas de PAN y PRI en la sesión sólo ratificaron el pacto cupular para pisotear la ley, pero ni siquiera tuvieron la gallardía de repetir los argumentos de los consejeros promotores de la impunidad. Ni Roberto Gil, embajador de Germán Martínez, ni Sebastián Lerdo de Tejada, representante de Beatriz Paredes, abrieron la boca.
Fue un silencio cobarde.
El Partido Verde tuvo más vergüenza: defendió, sin atenuantes, a las empresas televisoras y atacó a quienes los dirigentes de este partido identifican como "enemigos de los concesionarios", como en el caso del consejero Alfredo Figueroa.
Al Partido Social Demócrata (PSD) por ahora le conviene no defender a las televisoras y al Partido de la Revolución Democrática (PRD) le correspondió una tímida condena a la claudicación del IFE ante las televisoras, una conducta a la que se sumará si no lleva el caso ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF).
Pero en este episodio no sólo son responsables los artífices de la impunidad, que ya han sido nombrados, sino también el consejero presidente, Leonardo Valdés, quien ni siquiera fue capaz, ya no de persuadir a la constitución de una mayoría a favor de la legalidad, sino de que el proyecto elaborado por la Secretaría Ejecutiva -cuyo personal lo elaboró de manera rigurosa-- fuera siquiera discutido y votado.
De esa manera, si tan seguros estaban de sus argumentos los consejeros que propusieron sobreseer el proyecto, eufemismo de impunidad, pudieron dejar claro ante la sociedad que el juicio iniciado contra las televisoras era jurídicamente insostenible.
En realidad, Televisa y Televisión Azteca amenazaron a consejeros de que "reventarían" la elección si el IFE osaba sancionarlos por violar la ley, y le advirtieron además a Calderón que no sólo no tendría cabida en los espacios noticiosos, sino que él y su gobierno desaparecerían de las pantallas.
Y ya se sabe: ¿qué es Calderón sin la imagen?
Televisa, la empresa de Emilio Azcárraga, y su similar Televisión Azteca, del confeso golpista Ricardo Salinas Pliego, actuaron como terroristas al amenazar con dinamitar los comicios, y los consejeros y políticos se asumieron como cobardes para enfrentar esa afrenta, que ya marcó este proceso electoral.
El resultado está más que claro: el IFE es ya parte de la añagaza democrática en la que el duopolio televisivo es amo y son súbditos los miembros de la decadente clase política.
Apuntes
Los ardorosos defensores de la legalidad y la democracia, como el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) y la Coparmex, así como ideólogos de la talla de Enrique Krauze, seguramente harán un contundente pronunciamiento en defensa de la aplicación de la ley a las televisoras. Claro, si la lógica de los negocios no dispone otra cosa.
Opinión Análisis
IFE: terroristas y cobardes
Álvaro Delgado
MÉXICO, DF, 16 de febrero (apro).- Por unas horas hubo la impresión de que los consejeros del Instituto Federal Electoral (IFE) honrarían su investidura, hasta por razones de pragmatismo, y sancionarían a Televisa y Televisión Azteca por las violaciones constitucionales y legales que cometieron, pero al final no hubo sorpresas: fueron congruentes con su origen y ratificaron su condición de empleados de las facciones de poder.
El caso del consejero Marco Antonio Baños es inequívoco: de ser tenaz promotor del castigo a las televisoras, desde el mismo día del desacato a la ley en la transmisión de promocionales --el sábado 31 de enero--, pasó a ser entusiasta animador del perdón y de la impunidad.
Baños --que será consejero hasta el 2016-- exhibió a plenitud, en la sesión del Consejo General del viernes pasado, la efigie de Manlio Fabio Beltrones que trae dibujado en su propio rostro y que, en sí mismo, representa un mensaje a la manera de la mafia:
El senador priista prueba a las televisoras --para fines futuristas-- el nivel de control de amplias parcelas del tinglado electoral.
Porque otorgar el indulto a las televisoras pudo haber sido propuesto por Marco Antonio Gómez Alcántar o Francisco Guerrero, dos consejeros de la facción priista, y el resultado hubiera sido exactamente el mismo, pero el mensaje no tendría la claridad buscada: Beltrones, no sólo Peña Nieto, se pone a las órdenes de Televisa y Televisión Azteca.
Obviamente Felipe Calderón hizo su parte: aleccionó al elenco de consejeros del que es cómplice, Arturo Sánchez Gutiérrez y Benito Nacif --a Macarita Elizondo no la necesitaron por ahora-- para hacer mayoría con la facción priista y consumar el "arreglo" operado por el secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, como lo confesó él mismo, con toda impudicia.
Las conductas de PAN y PRI en la sesión sólo ratificaron el pacto cupular para pisotear la ley, pero ni siquiera tuvieron la gallardía de repetir los argumentos de los consejeros promotores de la impunidad. Ni Roberto Gil, embajador de Germán Martínez, ni Sebastián Lerdo de Tejada, representante de Beatriz Paredes, abrieron la boca.
Fue un silencio cobarde.
El Partido Verde tuvo más vergüenza: defendió, sin atenuantes, a las empresas televisoras y atacó a quienes los dirigentes de este partido identifican como "enemigos de los concesionarios", como en el caso del consejero Alfredo Figueroa.
Al Partido Social Demócrata (PSD) por ahora le conviene no defender a las televisoras y al Partido de la Revolución Democrática (PRD) le correspondió una tímida condena a la claudicación del IFE ante las televisoras, una conducta a la que se sumará si no lleva el caso ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF).
Pero en este episodio no sólo son responsables los artífices de la impunidad, que ya han sido nombrados, sino también el consejero presidente, Leonardo Valdés, quien ni siquiera fue capaz, ya no de persuadir a la constitución de una mayoría a favor de la legalidad, sino de que el proyecto elaborado por la Secretaría Ejecutiva -cuyo personal lo elaboró de manera rigurosa-- fuera siquiera discutido y votado.
De esa manera, si tan seguros estaban de sus argumentos los consejeros que propusieron sobreseer el proyecto, eufemismo de impunidad, pudieron dejar claro ante la sociedad que el juicio iniciado contra las televisoras era jurídicamente insostenible.
En realidad, Televisa y Televisión Azteca amenazaron a consejeros de que "reventarían" la elección si el IFE osaba sancionarlos por violar la ley, y le advirtieron además a Calderón que no sólo no tendría cabida en los espacios noticiosos, sino que él y su gobierno desaparecerían de las pantallas.
Y ya se sabe: ¿qué es Calderón sin la imagen?
Televisa, la empresa de Emilio Azcárraga, y su similar Televisión Azteca, del confeso golpista Ricardo Salinas Pliego, actuaron como terroristas al amenazar con dinamitar los comicios, y los consejeros y políticos se asumieron como cobardes para enfrentar esa afrenta, que ya marcó este proceso electoral.
El resultado está más que claro: el IFE es ya parte de la añagaza democrática en la que el duopolio televisivo es amo y son súbditos los miembros de la decadente clase política.
Apuntes
Los ardorosos defensores de la legalidad y la democracia, como el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) y la Coparmex, así como ideólogos de la talla de Enrique Krauze, seguramente harán un contundente pronunciamiento en defensa de la aplicación de la ley a las televisoras. Claro, si la lógica de los negocios no dispone otra cosa.
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