sábado, 27 de septiembre de 2008

PARA DOBLARSE DE RISA


Del Maestro Hernández

JA, JA, JA; "EL SEÑOR CALDERÓN"

Periódico Reforma
Viernes 26 de septiembre de 2008
Rafael Segovia
Se había oído, en más de una ocasión, que tal o cual unidad tenía miedo. Rara vez o nunca se decía que un país tenía miedo. Era una dimensión desconocida. Ya no lo es: México tiene miedo. Por más que se nos trate de explicar las razones o causas de ese malestar permanente, angustioso y generalizado, no nos queremos rendir a algo que complica nuestras vidas hasta el cansancio. No se puede responder con una aceptación que desde el vocabulario es inaceptable porque no nos dice nada: los traidores de México. ¿Quiénes son? ¿Los narcos, los comerciantes de drogas que pululan por todo el mundo? Los encontramos por todo el mundo pero en México campean por sus respetos, ante una población tan cansada como estupefacta ante la incompetencia e incapacidad del gobierno. Cada asesinato masivo, el señor Calderón Hinojosa convoca a una reunión del consejo de seguridad. Seguramente para tratar de entender el porqué de esa monstruosidad.
Si como Calderón dijo en un principio los asesinatos se daban entre los narcos, la tan traída y llevada sociedad civil quedaba libre de esa lucha feroz. Ya no hay quien comulgue con esa explicación. Los asesinatos han subido en número y en saña. Se decapita, se tortura, se ataca a ciegas -se tiran bombas de mano a la multitud-, se rapta y se mata a jóvenes, sin que nadie asuma la responsabilidad: son traidores que no obtienen beneficio alguno de su traición. Sí, debilitan al Estado que no sabe cómo defenderse y cumplir con su papel, que es defender y proteger a una sociedad gracias a la cual, en principio, gobierna.
Creemos todavía en el paradigma de Max Weber según el cual el Estado es el monopolio de la violencia legítima sobre un territorio determinado. Podemos asegurar que dadas las circunstancias actuales el Estado, aquí, no tiene el monopolio de la violencia, cuando la tiene, si la que tiene, es legítima, y en lo referente al territorio, se puede preguntar sobre cuál. Sobre Sinaloa no.
El gobierno pide el apoyo de la sociedad, casi nos llama cobardes por no denunciar al narco. Podemos decir que actuaremos con un valor cívico sin tacha cuando el Estado actúe de la misma manera, y no tergiverse sobre qué está haciendo y sólo nos enteremos de su acción por la prensa extranjera. Hay un evidente temor de informar, de decir cuáles son sus compromisos, que actuó en una acción concertada con Estados Unidos e Italia, que Estados Unidos por el acuerdo de Mérida está ocupando una posición preponderante en México y ya tiene el poder de decirnos qué se debe hacer y qué no, cuándo se debe obedecer y cuándo se puede disentir. Más de la mitad de las informaciones que nos alcanzan son filtraciones de alguna institución gubernamental.
Cuando se pide la unidad del país, no se puede pedir que éste la haga, porque si por ahora el señor Calderón solicita que se haga en torno al PAN después de advertir la división de México por culpa de los partidos. Ésta puede ser una fuerza divisiva, de ahí viene su nombre: agrupan a una parte de la población. Sólo los dictadores se atreven a hablar en nombre de toda la nación. Cuando el señor Calderón se pronuncia en nombre de México debería aclarar que nunca ha estado todo México tras él, por más que unas encuestas de encargo den unas cifras de fantasía, sólo superadas por las de su colega colombiano.
El temor es que las aguas vuelvan a su cauce normal para que el río siga corriendo como hace ya años lo viene haciendo con su cauda de asesinatos, robos, raptos y drogas, con un temor creciente del porvenir. No se sabe si los tiempos futuros serán peores.
El elemento esencial en este caos es el Ejército. Tener que ocupar una ciudad como ahora ocupa Morelia no es su papel, al militar no le cuadra el papel de policía, el servicio de orden. Ya le bastó el tener que ocuparse en el 68 de cumplir con una misión para la que no había sido creado y, como todo lo que se sale de su cauce natural, le lleva a la impopularidad. Se sabe la impopularidad irremediable de la policía y de su necesidad, del abuso de la autoridad para manejar ese cuerpo. Tan pronto como una sociedad lo necesita, se encuentra inmediatamente al culpable y éste resulta ser la policía. Es, casi siempre la víctima propiciatoria del orden público: en ella se refleja, quiérase que no, la sociedad. Si hay corrupción entre los miembros de este cuerpo es porque la hay en la sociedad, la inmoralidad pública no nace en la policía, nace en la sociedad y los grupos que la componen: los sindicatos son los primeros acusados. Coparmex es un sindicato, que sean los principales beneficiarios de la distribución de la riqueza no le quita su carácter sindical, como las otras cámaras industriales, comerciales y empresariales en general. Mientras estos hombres tuvieron una relación no democrática, corrupta y autoritaria con unos líderes venales, aquello era una relación idílica, modélica, inmejorable. Puede ser que Napoleón Gómez Urrutia no sea lo más deseable como líder, como tampoco lo son los señores del Grupo México. La contestación dada por las autoridades canadienses a la solicitud de extradición de Napoleón Gómez Urrutia bastó para que el Secretario del Trabajo se callara. No sabemos por desgracia si de una vez por todas. El señor Calderón se fue a Nueva York a hablar de la pobreza y sus calamidades. No se puede negar que este hombre tiene sentido del humor.

martes, 9 de septiembre de 2008

EL SOBRINO DE RATURO MONTIEL

Peña Nieto: el proyecto de la mafia
Alvaro Delgado

MEXICO, DF, 8 de septiembre (apro).- Los publicistas fueron contratados para hacer de él, al costo que sea, un maniquí de lujo: ostensible la carga de maquillaje que encubre las imperfecciones del rostro y abundante el gel para modelar el peinado que evoca a Fernando Gutiérrez Barrios, viste trajes y camisas de corte y color precisos.
Y es que Enrique Peña Nieto, gobernador priista del Estado de México, es un acabado producto del dinero, que todo lo fabrica: su corta estatura se suple con tomas que lo hacen ver como un gigante y su juventud se capitaliza con un atuendo en oscuros combinados con blanco, que lo proyectan maduro y ejecutivo.
Pero detrás de la multimillonaria parafernalia --en radio, televisión, Internet e impresos-- que lo presenta como un gobernante escrupuloso y eficaz, con tamaños para ser presidente de México, habita un político tradicional: taimado y truculento, represor y gazmoño, capaz de todo para conquistar y retener el poder.
Lo conocí personalmente hace cuatro años: la tarde del 5 de agosto del 2004, en el restaurante Balmoral del hotel Presidente Chapultepec, lugar puesto de moda por Elba Esther Gordillo y Jorge Castañeda entre políticos de su misma talla, usuarios habituales del corredor Polanco-Condesa-Santa Fe.
Busqué a Peña Nieto para consultarle sobre la política en el Estado de México, en particular sobre las elecciones de 2005, ante las que el Partido Acción Nacional (PAN) llevaba la delantera, a pesar de las costosas campañas del gobernador Arturo Montiel, envuelto en escándalos de corrupción y de constantes ausencias de la entidad por su romance con Maude Versini.
Peña Nieto, quien era entonces coordinador de los diputados priistas locales --después de haber estado en el gobierno de Montiel como subsecretatrio de Gobierno y secretario de Administración--, prefirió ese restaurante a Toluca para la entrevista, en la que se escabullía, con los muy priistas formulismos, de una definición sobre su búsqueda de la candidatura a gobernador.
Por supuesto, una de sus expresiones fue que, como todo político, su "deseo mayor" era servir a su pueblo desde cualquier trinchera. "Mi interés es hacer política y poder servir", dijo, muy ceremonial.
--¿En serio, diputado?
"Es en serio. Digo, no hay político del estado que se jacte de hacer política que no aspire a la mayor magistratura, que ser gobernador. ¿Cuándo? ¿Cómo?, dependerá de las circunstancias".
--¿Hay circunstancias hoy?
"Si las circunstancias favorecen, entonces yo tomaré una definición respecto del tema".
--¿Cuándo?
"Cuando el partido tome las reglas para la definición de su candidato. Y ahí le mide uno el agua a los camotes. Hay chance o no. Porque no estaría en condición de ser juego o comparsa de algo".
--¿Hoy hay comparsas? ¿Quiénes son?
"Se han dado en la política siempre. Espero que no se dé en el estado. Hoy tenemos que jugar los priistas de manera inteligente. Sí estoy convencido que cualquier proyecto que el partido avale, es el que tenemos que respaldar todos los priistas. Si llega a haber una fractura, si alguien se resta de apoyar, podríamos correr un riesgo mayor".
La política priista bullía entonces: Isidro Pastor, Navarrete Alfonso Prida, Manuel Cadena y hasta Carlos Hank Rhon aspiraban a la candidatura priista, pero Montiel perfilaba como su delfín a Peña Nieto, conocido como uno de los Golden Boys, un grupo de jóvenes incrustados en el gobierno. "Es un apelativo al que no le doy importancia. No me gusta, pero tampoco voy a impedir que se use", decía.
Sobre sus adversarios internos, Peña Nieto decía: "Todos juegan, todos tienen más y menores posibilidades. Yo veo a todos jugando".
--¿Incluyéndolo a usted?
"Metido en la ecuación, no me desagrada. No puede desagradarte estar en una ecuación en la búsqueda de la perspectiva más importante del estado. Pero en política es cosa de tiempos y circunstancias".
--Ustedes los priistas son acartonados, tortuosos y expertos en escabullirse para las definiciones.
"¿La pregunta concreta es si yo aspiro?"
--Pues sí, ¿a usted le interesa?
Meditó durante unos segundos, posó su mirada en el piso y respondió: "Repito, no hay político a quien no le guste o quien haga política y que no aspire a esa responsabilidad mayor".
--O sea que sí.
"Si así lo deduces, dedúcela así".
--Es una conclusión lógica.
"Yo te diría: el interés mayor, mi definición se hará hasta que el partido tenga reglas clara sobre esto. Pero puedo decir algo más: soy un priista convencido de mi militancia, de mi partido, y más que pensar en lo que tenga o quiera, quiero estar a las órdenes de mi partido. Yo he aprendido y me he formado en esta disciplina partidaria y, más allá de lo que uno quiera, es lo que el partido quiere y desea para uno. El partido te va marcando rumbos. Aquí poco importará lo que yo quiera".
--Insisto: tiene usted 38 años y se comporta como alguien de 60.
"No, puede no convencerte, pero estoy convencido de esa disciplina partidaria, que ha sido una fortaleza de los priistas. No quiere decir que no se pueda, internamente, diferir. Se vale. Pero a final de cuentas debe imperar una disciplina partidaria".
Y soltó una larga explicación sobre la "disciplina", igual a la castrense y eclesiástica: "En la historia hay ejemplos: el Ejército y la Iglesia, y el PRI. Eso le dio 70 años de fortaleza. Creo que cuando se relajó esa disciplina partidaria, que verdaderamente se relajó y empezó a haber escisiones, fracturas, es cuando empezamos a tener descalabros."
Al final, Montiel concretó su proyecto: impuso a Peña Nieto, su sobrino y sobrino del exgobernador Alfredo del Mazo, a cambio de la impunidad de las raterías, plenamente acreditadas, en el gobierno.
Y ahora, justamente en el mismo esquema de complicidades, el gobernador del Estado de México --quien el viernes pasado rindió su tercer informe de gobierno-- se perfila como un prospecto en apariencia menos vulnerable que Manlio Fabio Beltrones para que el PRI recupere, en el 2012, la Presidencia de la República.
En el proyecto para impulsar a Peña Nieto están alineados dos prominentes ejemplares de la mafia política, Carlos Salinas y Elba Esther Gordillo, pero también conglomerados empresariales, del país y del extranjero, notablemente España. Es decir, la misma coalición de intereses que llevó a Felipe Calderón al cargo formal en el que hace el ridículo.
La unción de Peña Nieto será lo que estará en riesgo dentro de tres años, cuando deje la gubernatura, justo un año antes de la contienda presidencial del 2012, aunque él ya tiene discurso:
"Sigo pensando en la sabiduría del partido. En el partido, como no ocurre en otro, opera en estas decisiones, siempre, una magia partidaria que envuelve a los priistas. Cuando hay definición llega a haber claridad entre la militancia, que busca claridad en las definiciones."
--Parece una expresión de los sesenta, de Alfonso Martínez Domínguez.
"Forma es fondo -respondió Peña--. No perdamos la forma".
Tal cual.

miércoles, 13 de agosto de 2008

DEL MAESTRO SEGOVIA

Reforma, viernes 08 de agosto de 2008

Las nubes se acumulan
Rafael Segovia

Se sigue, más bien se alude, a las próximas elecciones, a las de 2009. Peña Nieto siente que se están metiendo -Marcelo Ebrad- en un terrero que considera suyo. Está convencido de que el único con capacidad para heredar el puesto es él, precisamente el puesto, no el cargo. Ya ha empezado cuanto está a su alcance: hace obras, no está seguro de si son necesarias, pero las inaugura todos los días, al menos en los periódicos, anda tras Calderón, corteja a los hombres del PRI y de los otros partidos y a los empresarios, sobre todo a los extranjeros. Le indigna que le ganen en publicidad y en popularidad. Nadie mejor vestido ni más relamido que él: no lleva un pelo fuera de su bien ordenada cabellera, ni una mancha en un zapato, parece un figurín. Con eso cree que se ganan las elecciones.

Pero no. Así no se gana. El público, el electorado, por distraído e indiferente que ande, sabe intuitivamente con quién está. Quién promete y quién está por encima de sus promesas. El señor Calderón se antoja desganado, cansado antes de moverse. Vemos, ahora, a diario su fotografía en la prensa. Un hombre de página 7, fotografiado con unos desconocidos, empresarios de segunda, inaugurando una vulcanizadora. Pero por los tiempos que corren, en estos momentos sabe el peligro que se cierne sobre él. La mitad de su régimen toca a su fin: no se distingue de los regímenes anteriores en nada. De su programa de reformas, la más importante ha sido liquidar las pensiones del ISSSTE, con lo cual han quedado en una situación imposible los antiguos burócratas y no se ha arreglado lo de las deudas y los préstamos. Con lo cual, ya sabemos que los burócratas del rank and file no van a votar por el PAN, lo que no cambia nada.

El señor Carstens no ha informado de sus medidas tomadas para acabar la escandalosa distribución de la riqueza, que trae loco al señor Germán Larrea, dueño de la mina de cobre símbolo de la Revolución con su huelga, que algo tiene de la de ahora que, de acuerdo con su parecer, está llevando al país al desastre, sin que sus análisis hayan tenido el menor efecto sobre el PAN.

Debería la Secretaría de Energía emprender una campaña de ahorro y buscar un método más económico de anunciarnos esa decisión, que no sea publicar páginas enteras en defensa de su política. Hacer trampas con las encuestas es un método político tan viejo como prometer desde una tribuna. Se dice que el cincuenta y tantos por ciento de la población está a favor de la reforma planteada por el señor Calderón. Pero no se sabe el cincuenta y tantos por ciento de qué, ni el tamaño de la muestra, ni dónde se levantó, ni se muestra una línea del cuestionario. De la misma manera que los señores encuestadores se divirtieron con ganas con la encuesta ciudadana, deben permitir al público divertirse con sus encuestas, coincidentes en todo con el deseo de Los Pinos, que para eso pagan. No hablemos de su bombardeo mediático por radio y televisión.

Algo dice que la decisión está tomada. No sabemos cómo los senadores van a votar individualmente, pero ya hay el convencimiento, que debidamente adobada, o más bien maquillada, la propuesta pasa. La opinión pública no cuenta, el interés nacional está expresado por la decisión de Los Pinos, que para nada se preocupa de lo que la calle piensa. En este país jamás han gobernado las masas. Eso que llaman la gente está para obedecer; si se le ha conocido el voto, es porque la democracia está de moda, de ninguna manera quiere decir que las masas, que la multitud, vayan a gobernar, ni a ser escuchadas.

Hoy más que nunca los partidos son evanescentes. Son indispensables, porque hay que presentarse ante los otros países como una unidad, como un deseo claro de ocupar un lugar en el mundo de todos los habitantes de la nación, todo a través de sus senadores y diputados, si dejamos de lado a unos cuantos díscolos, empeñados en oponerse a los que saben como la señora Georgina Kessel. Esta manifestación de unidad se verá dentro de poco en el Senado, donde el PAN, el PRI, y hasta el ahora humilde PRD manifestarán el deseo nacional de ver a los privados manejando Pemex. Si el año que viene la gente transformada en electores vota en contra de los representantes de la nación -o no vota por nadie- es un problema del sistema político, que a fuerza de decirlo se ha supuesto democrático a pesar de cuanto ocurre ante sus ojos.

No se dice nunca la verdad, aunque ésta sea obvia. Cuando la prensa extranjera se apodera de un tema, los que tienen un cargo empiezan a decir su verdad, por ahora ésta se limita a los funcionarios corruptos porque se empezaban a jugar con los cargos públicos. La Secretaría de la Reforma Agraria, auténtico pozo negro, ha tenido que cesar, que se sepa, a tres funcionarios. La Lotería Nacional está acusada de estar cerca del narcotráfico, et sic de coeteris. No se dice ni media palabra del PAN ni de su ilustre presidente, se anuncian ceses en cadena en la Secretaría de Seguridad y cuatro de los cinco subsecretarios, que serán nombrados por el nombrado Presidente. Dios se la depare buena.

Estos nombramientos no van a ser nada fáciles pues se van a hacer contra los raptos. Hay una indignación general, a veces bastante hipócrita, llena de espíritu de clase, aunque casi siempre la indignación viene de una rabia mal contenida, de un dolor casi inexpresable, como en este último caso. Si la muerte de un hijo es intolerable, su asesinato está por encima de la imaginación.

viernes, 11 de julio de 2008

Periódico Excélsior, 11 de Julio de 2008

Horizonte político
José A. Crespo


Golondrina que no hace verano

La respuesta que finalmente dio Marcelo Ebrard a la crisis política provocada por el atropello del News Divine —producto de la absurda criminalización de los jóvenes— se aproxima a lo esperado en una democracia: hubo rendición de cuentas de altos funcionarios que, de acuerdo con la Comisión capitalina de Derechos Humanos, resultaron éticamente responsables (lo que genera una sanción política, mas no penal). La norma en México es que los gobernantes protegen a sus colaboradores, aun si éstos tienen demostrada responsabilidad en un acto de corrupción, violación a los derechos humanos o algún otro tipo de abuso de poder. En casos escandalosos, cuando más, se llama a cuentas a funcionarios menores, para así salvar la cara, como sucedió en el Estado de México en torno a la brutalidad de Atenco. En otros casos simplemente “les vale wilson” lo que piense la opinión pública. Ahí están, quitados de la pena, los Mario Marín, los Ulises Ruiz, los Vicente Guerrero, sólo por mencionar a los más recientes. Y en otras ocasiones incluso se premia a quienes violan derechos humanos, como sucedió con los agentes federales que participaron también en el violento operativo de Atenco, gratificados por Eduardo Medina-Mora, entonces secretario de Seguridad Pública. Nadie sugirió, ni de lejos, la renuncia de ese funcionario cuando avaló esos abusos premiando a los perpetradores.

Podemos suponer que, en un primer momento, Ebrard se resistió a sacrificar a sus colaboradores, en particular a Joel Ortega, cercano a él política y personalmente, además de haber demostrado eficacia por años. Y el colmo fue la autoinvestigación hecha por la Procuraduría capitalina en la cual, evidentemente, se exime a sí misma. Eso de ser juez y parte es una aberración antidemocrática, todavía habitual en México. Muchos se quejan de que los funcionarios removidos no hubieran presentado ellos mismos su renuncia o que Ebrard de inmediato no los hubiera cesado. Eso puede suceder en Japón, pero es mucho pedir en el país de la impunidad. Desde luego, cuando los gobernantes deciden llamar a cuentas a sus colaboradores, suele deberse menos a sus convicciones democráticas que a la presión de la opinión pública y el consecuente costo político de optar por la impunidad. Pero no restemos reconocimiento a Ebrard: el comportamiento adecuado a la democracia podrá no ser fruto de convicciones o de compromiso personal al menos no es esa la norma aquí—, pero sí de las circunstancias políticas y de la sensibilidad para comprenderlas adecuadamente. Pues hay muchos gobernantes —en México predominan— que aun en tales condiciones simplemente hacen oídos sordos ante la demanda popular de justicia. Lo que con realismo podemos esperar de nuestros gobernantes no es tanto una plena personalidad democrática —si es que eso existe—, sino, al menos, la inteligencia y la sensibilidad para responder a las demandas ciudadanas ante el abuso y la injusticia. Para lo cual ayudan mucho la fuerza de las instituciones y la opinión pública, que precisamente obligan a los gobernantes a rendir cuentas (o llamar a cuentas a sus colaboradores), lo que eleva significativamente el costo de no hacerlo. De ahí que la decisión de Ebrard podría constituir un precedente, al menos en la capital, donde abusos y negligencias generen consecuencias políticas a los responsables. Nada garantiza que así sea, pues también el olvido y los retrocesos resultan parte de nuestra cultura política. De cualquier modo, en otras entidades, y a nivel federal —donde prevalece la impunidad—, tendremos que seguir esperando para ver algo semejante.

Tampoco debemos mostrarnos satisfechos, pues, como el operativo en el Divine reflejó la putrefacción del sistema de seguridad, el cambio prometido debe ser radical y eficaz. Lo que no se ve fácil. ¿Podremos tener un cuerpo policial que en verdad rompa con los ancestrales vicios de corrupción, extorsión ciudadana y violaciones a los derechos humanos? ¿La nueva estructura no caerá rápidamente de nuevo en esas tentaciones? En esto es inevitable mostrar un razonable escepticismo. En todo caso, se trata de un reto y una oportunidad para el jefe del Gobierno capitalino. Debe destacarse igualmente el desempeño y la autonomía de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, algo a lo que tampoco estamos acostumbrados. En otros estados vemos algunas comisiones dignas y otras que están subordinadas por completo al gobierno respectivo. Y a nivel nacional, si bien es cierto que en ocasiones vemos informes y recomendaciones a la altura, en otras hemos testificado malabarismos retóricos, turbiedad y encubrimiento, como claramente fue el caso de Zongolica.

En el desenlace político de esta tragedia mucho contó la atención que los medios le prestaron y la fuerte presión que ejercieron. Enhorabuena. Es parte de la función que los medios pueden y deben cumplir en la exigencia de rendición democrática de cuentas. Alexis de Tocqueville, esmerado estudioso de la democracia estadunidense, decía sobre la prensa: “Es ella la que, con ojo siempre vigilante, pone sin cesar al descubierto los secretos resortes de la política y obliga a los hombres públicos a comparecer ante el tribunal de la opinión”. Me temo, sin embargo, que dicha presión en parte fue motivada por el signo partidista del gobierno involucrado, pues en casos semejantes de otros estados o del gobierno federal no hemos visto esa misma intensidad. Ojalá los medios hagan a un lado sus propios partidarismos y compromisos políticos, promoviendo en cambio la rendición de cuentas como principio universal y no particularizado, poniendo como prioridad a las víctimas de los abusos, cualquiera que sea la bandería del perpetrador. Sería sumamente sano para nuestra vida pública y maltrecha democracia
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sábado, 5 de julio de 2008

lunes, 23 de junio de 2008

¡PARA QUE VIVAMOS MEJOR!

Milenio Diario. Lunes 23 de junio de 2008

Recetas del chef Calderón…
Juan Pablo Becerra Acosta

Damas y caballeros, con ustedes, nuestro gran chef, Phillipe Le Calderón…

“Amigas y amigos. Yo no me quedo cruzado de brazos. En estos tiempos de crisis alimenticia y de alzas en los precios de los alimentos, les voy a congelar los precios de 136 productos. Vean qué solidarios son mis amigos empresarios: hay jugos y néctares; sopas en sobre; chiles y salsas; y claro, atún, sardinas, chilorio, cochinita pibil y frijoles, todo en lata. No le vean el diente al caballo congelado, ¿eh? Ahora, unas recetas para que no pasen a formar parte de los desnutridos…

“A ver, ¿cuántos tienen dinero? Hay 43.3 millones de asalariados. Los que ganan hasta un salario mínimo –50 pesotes diarios– son 5.3 millones. Bueno, a esos les ofrezco una dieta balanceada con una lata de chilorio de $40.05, unos frijoles de $6.55, y un néctar de durazno de 200 mililitros para toda la familia (cuatro hijos y dos papás) de $2.95. Nomás un sorbito, que se empanzan. Total, $49.55. Les sobran 0.45 centavos para el cochinito. Revuelven chilorio y frijoles, y los cucharean. No coman pan y tortilla porque engordan, ya ven que México es el segundo país del mundo en obesidad.

“Los que ganan más de un salario y hasta dos salarios mínimos –100 pesotes– son 8.8 millones. Esos me van a comer un caldo tlalpeño de $17.16, seis latas de atún (una por cabeza para seis miembros de familia) por $49.80, dos latas de frijoles por $16.50, y poco menos de dos kilos de tortilla. Total, $100.00. Preparación: embarran las tortillas de frijoles, las llenas de atún, y se las empujan con el caldito.

“Los que ganan más de dos y hasta tres salarios mínimos son 10.1 millones. Con sus 150 pesos diarios me compran un litro de jugo de piña, de $23.75; sopa de lentejas, $17.16; chiles jalapeños, p’al saborcito, $5.70; seis latas de sardinas, $28.80; dos latas de frijoles, $16.50; dos kilos de tortilla, $20; gelatina en polvo, $28.30; y té de manzanilla, p’a los nervios por la carestía, $10.20. Total, $150.41. Ya nomás tienen que pedir prestado un tostón. Calientan las tortillas, cogen cuatro cada uno: las untan de frijol, las pegan unas tras otras, a las de hasta arriba les ponen tres sardinitas por piocha, le echan jalapeño, y empújenle con el juguito.

“Estos 24.2 millones de asalariados, el 55.9% del total, que ganan un máximo de 150 pesotes, ya pueden vivir mejor. Y además, si su vieja trabaja, ya cenaron o desayunaron.”

Damas y caballeros, nuestro gran chef, ¡Phillipe Le Calderón!

Magazo. Torero. Estadista, chingao...