domingo, 17 de junio de 2007

¡COMO EN IRAQ!

Reforma, 11 de junio de 2007


Como en otro lado
Rafael Ruiz Harrell


No sé bien a dónde sea, pero aquí no me parece. Tal vez sea en otro lado, en alguna otra ciudad, pero aquí no pasa nada. Aquí sólo se escuchan como vagos rumores que no siempre es fácil precisar. ¿De seguro fue aquí, en Guerrero? Porque también andan con el cuento que fue en Nuevo León y después el relato se enreda con lo de los encajuelados, y luego con que también había torturados y en la tarde encontraron unos encobijados y luego aparecieron otros en medio de la basura, allá por Taxco. Total, que no siquiera las cuentas se tiene seguras: unos dicen que eran 21, otros que era 23, pero todos están de acuerdo en que ni ha habido en mucho tiempo una semana más violenta. Y lo curioso, lo verdaderamente curioso, es que les importa un reverendo cacahuate que sean 21, o 26 o 31. Porque -y esto es lo curioso-, es como si no fueran de aquí, es como si esos muertos fueran de otro lado y aquí nadie los mató, nada más aparecieron porque sí, pero no tienen nada que ver con nosotros, son de otra guerra.

Déjeme aclarar. Si en un Estado hay orden, la gente no se muere así nada más. Si se muere es porque alguien la mató y es deber del gobierno saber quién fue, y detenerlo y llevarlo a prisión y ver que no pasen esas cosas. Aquí en cambio ya está todo chueco. Hay muertos que importan y muertos que no importan, o que si acaso les importan a sus familiares. Mire: ponga usted que en la noche, en cualquier parte de la República, le dejan ir una ráfaga a una camioneta y hay cuatro muertos. Y luego llegan los militares, y los policías, y se arma el borlote, y descubren que uno era subteniente, o director de algo de las drogas y ya está todo listo: hay un muerto. Los demás no cuentan. Y si en lugar de ser policías, o militares, o judiciales eran algunos gatilleros que andaban en la bola, pues ya ni para nombre le alcanza. Eran de los muertos en que nadie se fija. Se los cuenta por montón. Aparecieron cuatro en las laderas de las Ajusco. Hubo otros ocho allá por el por muladar.Pero lo impresionante es que esos muertos no son de nadie. No le tocan a nadie. Nadie se hace responsable de lo que les pasó. Nadie tiene que averiguar. A las autoridades como que les da igual que se maten, totales, no son de sus hombres, son de las bandas de barcos enemigos y si andan descabezándolos para dejar rodando las cabezas decapitadas por los restaurantitos de Michoacán o Sinaloa ¿Quién se va a preocupar poco ni mucho?

CONSECUENCIAS
Sólo que ¿cómo está eso de que en un país, de pronto, así nomás, hay 21 o 23 muertos en un día y el gobierno lo dice con la misma calma con que diría que está lloviendo y no hay nadie responsable? ¿Cómo que se matan se mutilan, se torturan, de balean veinte personas sin que a nadie le importe nada? Digo: ¿qué importa quiénes sean, qué hagan, si sea lícito o no lo que están haciendo, es lecho es que nadie puede matarlas por que, sí, sean barcos o policías o transportistas, o consumidores o lo que sean? Sean lo que sean, el gobierno no puede dejar que los maten así. Aunque sean gángster y asesinos el deber del gobierno es evitar que les quiten la vida. Sólo el gobierno puede usar la fuerza y el poder si queremos un estado de derecho y ordenado. Dejar que maten a cualquiera es abrirle la puerta al caos.

¿A qué estamos llegando? ¿A la mentalidad militar en donde el "enemigo", el narco, está sujeto a todas las crueldades de la guerra precisamente porque es el enemigo y debe ser destruido sin compasión? ¿Esta es la "mano dura" que está defendiendo Felipe Calderón porque ahora teme que le coman en mandado?

El hecho es doloroso de simple: por ahí no va. Ese no es el camino. Dividir la guerra en buenos y malos y creer que puede ganársela condenando a los segundos a todas las atrocidades imaginarias es apagar parte importante de la luz humana y contentarse con la crueldad y la barbarie como medio de control. Es absurdo y tonto creer que un país moderno puede gobernarse a golpes o con bayonetas. Es claro que tiene que haber límites y leyes y fronteras, pero si es lo único que hay, no lograremos que nada avance. Guardemos a los muertos, a todos los muertos, y tratemos de entendernos. No podemos seguir levantando cosechas fúnebres los días todos días. El camino de México no está en la represión: aunque le cueste, Felipe Calderón tienen que cambiar de rumbo. Así no sirve

jueves, 7 de junio de 2007

DERECHA MEXICANA=DESASTRE NACIONAL

Excélsior, Jueves, 07 de junio de 2007


El PAN, entre ineptos y yunquetos
Humberto Musacchio

Triunfar sobre un adversario notoriamente más débil carece de mérito. Pero que la victoria sea sólo parcial y llegue con retraso, permite dudar de las capacidades del presunto ganador. Por eso mismo, sorprende el tono con que los medios difundieron lo ocurrido en la Asamblea Nacional panista. Para Excélsior, los calderonistas aplastaron a Manuel Espino; según Reforma lo habrían apaleado y, para La Jornada, insospechable de simpatías por la derecha, Calderón arrebató al líder del PAN el control de ese partido. Los verbos aplastar, apalear y arrebatar tienen una carga violenta, sugieren que la Asamblea leonesa fue una operación casi guerrera en la que se propinó al hipotético enemigo una derrota contundente. Eso dicen o por lo menos sugieren.

Lo cierto es que Manuel Espino sigue siendo el presidente del PAN y no carece de fuerza. Su padrino Vicente Fox fue recibido con una fuerte ovación y, para hacerlo todo más extraño, Felipe Calderón llamó a su antecesor "presidente de todos los mexicanos", cuando para cualquier efecto formal suponíamos que el Presidente era el propio Calderón. Por si algo faltara, de los delegados presentes en la Asamblea, por lo menos 40% son seguidores del señor de punzante apellido, quien, lejos de haber sido marginado, ya anunció que continuará como presidente de su partido hasta el año próximo.
Es cierto que Espino se llevó más de una rechifla y que contra él se alzaron coros que le lanzaron calificativos como "traidor", "hipócrita", "mentiroso" o "yunqueto", pero a nadie escapa que se trataba de grupos organizados, cuyos líderes están en la pelea por la dirección albiazul, de modo que no eran manifestaciones espontáneas, sino formas de rechazo cuidadosamente preparadas, incluido el reparto de cinco mil camisetas que decían "Yunque no".

Rodolfo Elizondo, miembro del gabinete de Calderón, declaró que la rechifla obligaba a Espino a dejar la presidencia de su partido. Pero Espino, que ultraderechista y todo lo que se quiera ha mostrado más madera de político que sus contrincantes, ya declaró que no le dará gusto a sus detractores y se dispone a continuar en el cargo. Y la razón es muy sencilla: el mejor sitio para defender el poder es el poder mismo, así sea en el reducido ámbito de un partido.
Eso mismo es lo que ignoran los petimetres que supuestamente asesoran a Felipe Calderón, quien sí debería saberlo. No es pequeña la fuerza de quien dirige el partido en el poder, pero resulta incontrastable frente al jefe de Estado si es que sabe emplear los medios económicos, políticos, jurídicos y policiaco-militares puestos en sus manos.

Los panegiristas de Calderón festejan que éste haya salido como "ganador" del aquelarre leonés y aun destacan que, en su discurso, Felipe haya pedido a los militantes de su partido su apoyo, que les recordara que es su obligación sostener a su gobierno o que Espino manifestara que Calderón es el "líder indiscutible del panismo".

Como fórmula de cortesía puede entenderse el gesto de falsa humildad de los presidentes que piden apoyo a su partido. Pero ese apoyo se da por sentado, es inherente a los variados nexos que existen entre quien ocupa un cargo público y el partido al que pertenece y lo tuvo como candidato. El hecho mismo de que Calderón demande ese respaldo indica que no sabe si lo tiene. Así de terrible es la falta de entendimiento en que vive.

Para quienes son duchos en el ejercicio del poder, hace rato que Calderón debió meter al orden al indisciplinado dirigente de su partido, pues el ocupante de la Presidencia de la República dispone de un enorme arsenal de recursos legales y paralegales, por no mencionar los ilegales que también tiene en sus manos. Con los antecedentes de Espino, alguien como don Fernando Gutiérrez Barrios tendría en su escritorio un grueso expediente del insubordinado, lo hubiera llamado en forma perentoria o lo hubiera hecho llevar por un par de agentes de inteligencia y, ya en su oficina, le hubiera dado a escoger entre la embajada en Burundi o la cárcel.

En el "gobierno" actual nadie sabe cómo hacer renunciar a Espino de la presidencia del PAN ni como hacerlo abandonar sus cargos en la democracia cristiana, pues, pese a las evidencias de abusos cometidos por Espino a su paso por diversos cargos, el señor Germán Martínez y otros miembros del equipo calderonista han sido incapaces de preparar un buen expediente inculpatorio en el medio año transcurrido desde el primero diciembre, aunque no han dejado de cobrar.

Alguien decía que Espino no recibiría el sopapo que se espera desde hace meses. Que ese no era el estilo de Calderón, quien prefiere, cuentan, ir despacio y desplegar operaciones envolventes. Hechos como haber sacado abruptamente al Ejército de sus cuarteles, para enfrentarlo al narcotráfico, desmienten que ese sea el talante filipino, pero lo cierto es que paciencia sí tiene, pues de otro modo no se entiende cómo permite que un mequetrefe haga ver más pequeño a quien debe ser su superior.

lunes, 4 de junio de 2007

¡INTELECTUALES BANANEROS!

Revista Contralínea Junio 1a quincena de 2007 Año 5 No. 80

Adal y la “cultura” panista
Humberto Musacchio

En el ámbito de la política, las palabras implican una toma de posición, describen una mentalidad y nos permiten explicarnos algunos hechos que afectan a toda la sociedad. Por eso cabe citar la felicitación que el ocupante de Los Pinos extendió al cómico Adal Ramones en la última emisión de su programa (de Adal, no de Felipe) Otro Rollo:

“Al igual que muchos mexicanos que seguimos a lo largo de 12 años el programa, te quiero mandar un abrazo muy fuerte, una felicitación a todo tu equipo por el trabajo, por el esfuerzo, por tantas dedicaciones. También un agradecimiento por haberle puesto (sic) un poco de alegría a la gente por tantos años”.

Por la transcripción anterior, debida al colega Rafael Cardona Sandoval, nos enteramos de que Felipe Calderón Hinojosa, quien cobra como presidente de la República, sigue, atiende, ve y escucha el programa del señor Ramones. Si lo siguió durante 12 larguísimos años fue seguramente porque ése es su gusto, y ahí está el problema, porque un gusto tan pobre muestra que su cultura –cualquier cosa que eso signifique– no da para más.

No tendría importancia si el asunto quedara para las horas del descanso presidencial. Lamentablemente, el gusto del señor Calderón nos permite explicarnos el porqué del bárbaro recorte al presupuesto del Conaculta, de más de 800 millones de pesos para 2007. No tiene sentido gastar en cultura, se dirá don Felipe, si Televisa ofrece programas que él considera tan apreciables y dignos de felicitación.

Por eso mismo, en Los Pinos nadie ha dicho esta boca es de Azcárraga en lo que respecta a la Ley Televisa. El que calla otorga. Que el monopolio de las conciencias se encargue de educar a los niños y de entretener a los adultos para que se olviden del desempleo, de los bajos salarios, de la entrega del país a intereses externos.

Alguien dirá que sólo fue una rutinaria felicitación al actor de la cachucha, pero lo cierto es que el pasado 12 de septiembre, cuando se mostraba en todo su esplendor el cochinero electoral, Adal Ramones y Laura Flores encabezaban un desplegado de las estrellitas televisivas en el que ellos, “al igual que la inmensa mayoría de los mexicanos”, estaban “satisfechos con nuestra vida democrática” y felicitaban al favorecido por los nuevos mapaches comiciales.

Calderón pagó una deuda, pero también ratificó su identificación con la idea de cultura que hoy tiene su partido. No es cuento: el PAN tiene un consejo “de cultura” que preside Erick del Castillo y lo integran la citada Laura Zapata (que también pertenece al “consejo de intelectuales” del mismo partido), Rodrigo Abed, Ismael Larrumbe Garrido, Amparo Galindo, Carlos Castillo López, David Filio Gómez, Poly Coronel Gándara, Isaac Holoshultz, Héctor Reyes, Gabriela Lezama y Ramón Gaytán. En suma, el consejo de cultura panista está integrado por conocidos faranduleros y personajes mundialmente desconocidos o tal vez célebres en sus respectivos domicilios, porque entre la gente de pluma o pincel nadie sabe de ellos.



Más allá del humor involuntario de este consejo de chistorete, lo que se advierte es la ignorancia cuadrúpeda del neopanismo que representa y encabeza Manuel Espino. Ésa es la triste condición electorera y corrupta en la que se ha despeñado el partido aquel que alguna vez encabezó un intelectual de polendas como Manuel Gómez Morín, a quien acompañaban personajes de la cultura como Ezequiel A. Chávez, Jesús Guiza y Acevedo, Enrique Loaeza, Efraín González Luna, Juan Landerreche Obregón, Adolfo Christlieb Ibarrola, Manuel González Hinojosa y algunos más.

Imposible olvidar que al PAN le dieron sus mejores años polemistas como José Ángel Conchello, Gerardo Medina o Carlos Castillo Peraza, que por cierto hablaba de un “triunfo cultural” que si existió fue mera chinampina, ruido sin nueces. Un reconocido intelectual del viejo panismo fue Luis Calderón Vega, que por lo visto no heredó el amor por los libros ni las inquietudes intelectuales a sus hijos, aunque alguno de ellos hizo una maestría patito en la Universidad de Harvard. Pero ya se sabe: lo que natura non da, Salamanca non lo presta.

lunes, 28 de mayo de 2007

¿CAMINOS PARALELOS?

Reforma, 28 de mayo de 2007

Costos...
Juan Enríquez Cabot


Hará tiempo que ingenioso y ocioso banquero inventó el termino BRIC. Siglas que, según él, denotaban los países en desarrollo con mayor potencial, Brasil, Rusia, India, China (México ni aparecía...). En general al grupo le ha ido bien, pero un miembro del grupo se queda más y más atrás en esta carera, Brasil...

Cierto, Brasil ha controlado su histérica inflación pero la economía sigue estancada. Entre 2000 y 2007 China creció 9.6 por ciento por año, Rusia 6.8 por ciento, India 6.7 por ciento, mientras que Brasil apenas alcanzó 2.6 por ciento. Restémosle crecimiento poblacional y resulta que hay casi nulo crecimiento real. No sorprende que la más reciente portada de la revista Latin Finance muestre tres países Formula 1 dejando atrás a la carcachita brasileña.

Al no haber crecimiento, hay poca inversión. Y al no haber inversión, hay poco empleo. Lo que sí crece y crece es la inseguridad, las drogas, las bandas que atacan por igual a policía que a Ejército. Hay hoy ciudades en Brasil casi tan inseguras y violentas como las nuestras. Luego entonces, la preguntilla, ¿acaso habrá alguna lección que podamos aprender del ejemplo brasileño?

Si así le va a Brasil, ¿qué nos ha ocurrido a los mexicanos a partir de las hermosas profecías predicadas por innombrable Presidente? Ha habido, desde luego, inmensos ganadores. Individuos que apoyan irreflexivamente el statu quo. En general éste ha sido un pequeño subgrupo de la gente más educada. Sus ingresos, exportaciones, negocios se han incrementado de manera notable. México hoy exporta casi 17 veces más que antes el TLC...

Pero, al igual que en Brasil, muchos de estos individuos se han beneficiado del exacto opuesto del libre comercio. Han podido establecer monopolios y oligopolios protegidos por el gobierno. Estudio reciente de Acus Consultores nos da una pequeña idea de lo que significa o competir o caer bajo un paraguas protector. En México, los hoteles y restaurantes no son monopolio... y así les fue. Entre 1994 y el 2006 por peso invertido (ROE) perdieron 67 por ciento. ¿Constructor promedio? Perdió 4 por ciento. ¿Textiles? Perdieron 15 por ciento. Mientras tanto las áreas "concesionadas" por parte del gobierno ganaron un poquito más... Telefonía fija ganó 21 por ciento. ¿Medios? +26 por ciento. ¿Celulares? +43 por ciento.

¿Qué nos cuesta una economía donde el éxito de unos pocos se basa en el monopolio/ oligopolio? Un celular en México, según MUND, cuesta 2.5 veces más que en Estados Unidos y dos veces más que en España. Ha de ser coincidencia, no falta de competencia. No chantaje político. No Ley Televisa anexas y conexas. No ha de ser la protección de privilegios que lleva a que Carlos Slim sea hoy el segundo hombre más rico del mundo. Y ha de ser por eso que gozamos del privilegio de pagar tres veces más por llamada telefónica que un argentino y cuatro veces más que un brasileño.

Hay un ligerísimo costo en el mantener esta concentración del ingreso y privilegios para algunos pocos. Hoy día México es la doceava economía más grande del mundo. Pero en ingresos por persona es la 45. Mucha producción, mucha riqueza, pocos beneficiarios, cada vez más pobres...

Pa' qué innovar, dicen algunos de los hombres más ricos del planeta, si vamos a full mother como estamos... Al no haber competencia, no hay nueva empresa, no hay competencia, no hay competitividad. Según el Instituto Mexicano de la Competitividad, caemos y caemos versus otras economías. En 2004 éramos la segunda economía más competitiva de América Latina. Pero no te preocupes. Vamos a toda velocidad. Con el pequeñísimo detalle de que vamos en picada. Hoy ya llegamos al lugar número cinco en América Latina. En términos mundiales ya logramos caer al honroso lugar 33, de 45, en competitividad. Y en términos de distribución de la riqueza llegamos, a toda velocidad, a un extraordinario lugar 58.

Lo más triste es que los más afectados por la apertura comercial más la falta de competitividad del mexicano han sido los más pobres. A partir de que abrimos la economía en 1995 el 20 por ciento más pobre de la población perdió 21 por ciento de su ingreso relativo a lo que ganan otros estratos económicos (Perry/Olarreaga, Banco Mundial). Hay desde luego países donde esto no ha ocurrido. Donde la apertura y la globalización han llevado a inmensas mejoras. En China, en 20 años, el porcentaje de la población que vive en extrema miseria cayó de 60 por ciento a 20 por ciento. Un país puede sobrevivir corrupción y comunismo siempre y cuando mejore conocimientos y mentes. Y siempre y cuando esté dispuesto a gradualmente eliminar monopolios.

Aquí pareciera que observamos este tipo de ejemplos y decidimos deliberadamente caminar en sentido inverso. Ampliamos la concentración y fuerza de los principales accionistas de Telmex y Televisa, entre otros; limitamos competencia, crecimiento, inversión y nuevo empleo. Al haber cada vez más pobres y desesperados, crece la violencia, el crimen, la economía subterránea basada en el ambulantaje, el secuestro y la droga. Los mejorcitos se van. Muchos de los más enojados y violentos se quedan. Eso sí, invertimos cada vez más en sofisticados sistemas de espionaje telefónico para intentar controlar cada vez más molestia y malestar.

Quizás el oligopolio más nocivo y costoso del país ni siquiera sea privado. En estos últimos sexenios permitimos que nuestras escuelas se deterioraran cada vez más hasta convertirse primordialmente no en planteles de enseñanza sino en cotos de poder para grillas magisteriales. En perversa ecuación, parece ser que mientras más poder político acumula el magisterio, menos interés en mejorar y enseñar. Esta semana vimos extraordinarias declaraciones por parte de los maestros. Quienes aplican las pruebas dicen que nunca deberán ser examinados, que los estándares y las calificaciones son conceptos arbitrarios. Gritan que se oponen terminantemente a que se mida si saben, si sus alumnos saben, si mejora la clase de gente que da clases en sus planteles. Ah, pero eso sí, mientras menos competitivos y más grillos, mayor pedazo del pastel económico nacional demandan. Menos resultados, más paga, menos clases, más beneficios. Vaya que aprendieron bien el modelito Ley Televisa.

Quizás por eso tanto Brasil como México invierten en más y más soldados, en vano intento por detener crecientes olas de violencia, en proteger el statu quo. Pero el cambio y la seguridad real dependen de entender y empezar a limitar los costos que implica el seguir el modelo de desarrollo y crecimiento que con tan poco éxito aplican México y Brasil...

jueves, 24 de mayo de 2007

¿HASTA CUANDO VAN A HACER CASO?

Reforma, 14 de mayo de 2007

Tres reglas...
Juan Enríquez Cabot


La guerra es a muerte, con saña. No basta matar. Rara vez aparecen muchos cuerpos con mero balazo en la cabeza. No. En el mejor de los casos, aparecen cuerpos llenos de balas. ¿Para qué usar una sola bala si con 100 se divierte uno más? Son más y más comunes los cuerpos mutilados, torturados, cabezas sueltas buscando cuerpo perdido. Cabezas que llevan y traen recaditos cual sobre de mensajería.

En la última década la nota roja se volvió materia de primera plana. En el ultimo año se volvió, de manera consistente, noticia de ocho columnas. Crece y crece la violencia. Día a día se acelera la muerte. Esta guerra, igual que ocurre en Estados Unidos con la guerra de Iraq, acapara toda atención y recurso gubernamental. ¿Cómo reducir presupuesto, enfrentarse a desastre educativo, cabildear libre paso laboral fronterizo cuando no se controla la acera de enfrente?

Nuevo juego, nuevas reglas. En Michoacán se juntan izquierda y derecha para demandar mano dura. Calderón militariza y promete nunca ceder. Cárdenas Batel lo apoya y demanda más intervención, más armas, más Ejército. Bazucas y metralletas por todo Apatzingán. Soldados toman control de diversos gobiernos estatales. Pero entrando a la guerra de frente los militares pierden tradicional inmunidad. Empiezan atentados no sólo contra soldados sino también contra generales del Ejército y comandantes de la Marina. Éstas son palabras mayores. Empiezan a aparecer por ahí más cuerpos relacionados con gente cada vez más prominente. En Veracruz cuatro guaruras muertos que custodiaban a los hijos del góber del estado de México. Autoridades veracruzanas declaran "ha de haber sido una confusión". Acto seguido, por no haber entendido tan sutil mensajito, aparece una cabecita suelta en cajita con dos granadas frente a la comandancia del sexto cuartel militar en Veracruz y se asesina a un comandante de policía en Acolman, estado de México. Listísimo góber veracruzano aclara: "significa una provocación. Igual que en Sonora, Tamaulipas, Nuevo León, Michoacán y Guerrero...". Mas no, hijo mío, no es "una provocación", es el inicio de la tercera guerra mundial. Por lo cual queda una sola pregunta esencial en el aire... ¿Qué sigue?

Podemos aprender mucho de Beirut, Iraq y Colombia. A menudo, cuando los malosos se aburren de desaparecer, torturar, decapitar y acribillar, comienzan los bombazos y los ataques espectaculares. Al principio los objetivos iniciales son instalaciones y patrullas del Ejército. Pero eventualmente las bombas se usan para intentar asegurar la ingobernabilidad. Se atacan instalaciones eléctricas, se vuelan puentes y bombas de agua, se intenta deshacer edificios y monumentos icono. Finalmente se pasa a aterrorizar a la población civil masacrando gente en cafés, mercados, bodas, cumpleaños y hasta funerales.Luego entonces, una vez iniciada la guerra, ¿cómo prevenir, combatir y evitar una espiral continua de violencia? Hay que recordar por lo menos tres reglas esenciales de otras guerras a muerte, no hay manera de ganar sin legitimidad, eficacia y consistencia...

Si la mayor parte del país, especialmente los habitantes de los lugares más aterrorizados, no consideran legítima la acción del gobierno no hay manera de ganar la batalla. En una guerra de verdad, donde está en juego la existencia misma del Estado, se vale mucho. Aunque le dé apoplejía a la Comisión de Derechos Humanos, se pueden usar bazucas, tanquetas, metralletas, emboscadas y artimañas siempre y cuando el sentimiento generalizado sea: 'ta bien se la buscaron, se la merecían. Este tipo de apoyo tiende a crecer después de que explota una bomba, cae un avión, o de que matan a un político popular.

Pero cuidado, el apoyo a la mano dura puede ser efímero, inclusive puede volverse inexistente. Hay muchos lugares donde el narco es la única fuente de frijoles, empleo, justicia y sueños. Si la población, por temor o conveniencia, decide apoyar al narco más que al policía, soldado, juez o presidente municipal... aguas. ¿Por qué pudiera llegar a ocurrir esto? Pues en gran parte del país ha habido una sequía, durante décadas, en términos de empleo, salario, educación y justicia. Habría que recordar que, según el magistrado que preside el tribunal superior agrario, los narcos controlan la tercera parte de las tierras cultivables del país. Entre más islitas donde se perciba que el gobierno y sus representantes son los más malos, más difícil será encontrar y erradicar a los malosos. En la medida en que se acumulen muertos y no se vean resultados, en la medida en que más y más muertos sean civiles, y en la medida en que se perciba que el gobierno mata o desaparece sin razón... pues la batalla entera se puede volver ilegítima.

Y es por esto que la segunda regla esencial es ser eficaz. Hay que entender claramente a quién exactamente hay que combatir y eliminar en este momento. Aun en plena guerra, no se debe ser represor de manera aleatoria. Es mucho más eficaz atacar a un gran financiero o desarrollador inmobiliario, alguien que actúa como lavadora, que a un campesino más que planta marihuana para no morirse de hambre. Es mejor colgar en el Zócalo a corrupto juez y vival abogado que exhibir a una mula más que intentaba cargar un kilo o dos para sobrellevarla. En los pueblos se sabe quiénes son sicópatas violentos y quiénes proveen empleo, dinero y futuro. No hay que dar palos de ciego. Es labor de inteligencia, no de fuerza bruta. Para acotar al narco hay que restablecer el legítimo monopolio gubernamental sobre la violencia. Hay que retomar los instrumentos del Estado, los mandos del Ejército y policiacos, de la impartición de justicia. Primero hay que eliminar a grandes empresarios y políticos que se benefician y cobijan con el dinero del narco. A la vez hay que desaparecer a quien decapita, asesina autoridades y amenaza al Estado.

Finalmente hay que ser consistentes. Igual que la guerrilla, el narco no tiene que ganar una sola batalla, mucho menos la guerra. Lo único que tiene que lograr es sobrevivir mientras el gobierno se cansa o se desgasta. Retomar un pueblo o una ciudad para luego abandonarlo a su suerte sin reconstruir eficaz gobierno local es error mayor. Significa que al salir tropa hay oportunidad de castigar al que ayudó a combatir al narco. Y a la larga, cualquier Estado que no logra proteger a los suyos, a sus aliados, acaba siendo abandonado aun por sus propios simpatizantes.

viernes, 18 de mayo de 2007

ALGO ANDA MAL


La Jornada, 17 de mayo de 2007. Helguera.

jueves, 17 de mayo de 2007

EL PELELE NOS LLEVA AL PRECIPICIO




Excelsior, 17 de mayo de 2007

Los muertos que vos matáis...
Humberto Musacchio

Las muchas policías mexicanas han sido un perfecto ejemplo de ineficiencia en el combate al crimen organizado

La conducción política requiere energía, valor y decisión. Ni duda cabe, pero el ejercicio imprudente de esos valores puede revertirse y llevar a resultados indeseables, del todo contrarios al objetivo buscado. Eso es lo que está sucediendo con la llamada “guerra contra el narcotráfico”, que hasta ahora arroja saldos que están muy lejos de mostrar eficacia en el empleo de la fuerza y de tranquilizar a la sociedad.

A propósito de la batida contra los narcos y sus tristes consecuencias, algunos personeros del gobierno insisten en que el descomunal aumento de las muertes violentas es “porque el narco está herido de muerte” o porque son “patadas de ahogado”. Incluso, un funcionario de buena fe dijo, palabras más, palabras menos, que la tremenda y sangrienta respuesta de las mafias se debe a que están heridas de muerte.

Para todos resulta obvio que el crimen organizado avanza todos los días, domina nuevos territorios, ingresa a los más diversos negocios y adquiere una poderosa presencia social. Además de su efecto corruptor, que incide severamente en los cuerpos policiacos y en el aparato de procuración de justicia, su alcance llega a muy altas esferas oficiales, pues financia campañas electorales, impone candidatos y condiciona por diversas vías el ejercicio del poder.

Si, como se estima, los narcos mexicanos mueven entre 20 mil y 30 mil millones de dólares cada año, a nadie escapa su importancia económica. Se han convertido en prominentes creadores de empleo, en fuente de financiamiento empresarial y en constructores que están cambiando la faz de muchas ciudades. A tan aplastante presencia económica corresponde una influencia irresistible, pues es conocido de la opinión pública que altos jefes de las bandas ocupan puestos en los consejos de administración de bancos regionales, intervienen en la esfera del deporte como dueños o patrocinadores de equipos e incluso compran con dinero sucio las bendiciones de ministros católicos y de otros cultos.

El crimen organizado tiene en el centro de sus actividades el narcotráfico. Es así por la importancia económica del tráfico de estupefacientes, pero eso no significa que los delincuentes de ese ámbito se prohíban incursionar en otros negocios ilícitos que les resultan altamente rentables, tales como el robo y el tráfico internacional de automóviles, los secuestros, la trata de blancas y otras actividades que hacen de las personas objeto de un comercio que no reconoce fronteras.

Estas actividades hacen del crimen organizado un negocio prácticamente mundial. Las transnacionales delictivas operan con solvencia en varios países, en diversas especialidades ilegales e igualmente en actividades permitidas por la ley en las que el dinero sucio entra en la circulación monetaria legal.

Las mafias cuentan con habilísimos abogados, con el respaldo de periódicos a su servicio, con la complicidad de policías, fiscales y jueces, con la interesada amistad de políticos y, por si fuera poco, actúan en sociedad con empresarios que no tienen otra moral sino el dinero. Ya la pelea no es contra matones de esquina ni raterillos de poca monta. Hoy, la guerra es contra fuerzas altamente complejas que disponen de dinero y de influencia para eludir la ley o someterla a su interés.


Las muchas policías mexicanas han sido un perfecto ejemplo de ineficiencia en el combate al crimen organizado. Fallaron no sólo porque incurren en el pecado de la corrupción, lo que se da por sentado y no debe ser óbice para su actuación; fallaron porque están ayunas de preparación personal y técnica para combatir al crimen moderno. Quizá sirvan para aprehender y extorsionar carteristas, pero están en franca desventaja para hacerle frente a las fuerzas del narco.

Pero hay algo más. En ninguna parte del mundo se ha logrado vencer a los narcotraficantes. Sufren derrotas, por supuesto, pero esas mafias son como hidras que reproducen y multiplican cada apéndice cortado. Las drogas siguen presentes en todas las grandes ciudades y en otras no tan grandes porque las mafias siguen actuando, están ahí porque su mercancía tiene demanda. Hasta los economistas del gobierno lo saben.

Con el poder corruptor de su dinero, con una inmensa capacidad para crear empleos legales e ilegales y con la legitimidad social que les aporta aparecer como benefactores, los capos del narco ya son algo más que personajes de corrido. Ni siquiera es propio decir que están enmedio de nosotros, pues en realidad se hallan situados más arriba, frecuentemente en posiciones respetables desde las cuales inciden en las decisiones que a todos nos afectan.

La contundente realidad, el fracaso de la llamada “guerra contra el narcotráfico” y un elemental sentido de responsabilidad social obligan a repensar el fenómeno. No sobra insistir: una solución es legalizar y reglamentar las drogas, dictar una amnistía y simultáneamente canalizar los caudales de las mafias hacia actividades permitidas, como se hizo en Estados Unidos al término de la prohibición. Lo demás es perder vidas y tiempo.