lunes, 12 de febrero de 2007

BÚSQUELA PORQUE LOS PRECIOSOS LA COMPRAN


Protege la Judicatura Federal a Marín


Selene Ríos / Ignacio Juárez / Zeus Munive


Lydia Cacho espera paciente que Mario Marín pague por lo que le hizo mientras acusa a un funcionario de la Judicatura Federal, el poblano Miguel Quirós, de destruir pruebas contra el ejecutivo estatal. En tanto, el ex judicial Víctor Mendo, vive hoy a salto de mata porque sabe tanto del caso Marín - Cacho, que su abogada asegura que podría hundir a las autoridades poblanas. En ese contexto, la Corte acordó formar una comisión especial que investigue al gobernador en posibles violaciones a los derechos humanos de la periodista y las redes de pornografía infantil y pederastia


jueves, 1 de febrero de 2007


Excélsior, 1 de febrero de 2006.


El viaje y sus desatinos
Humberto Musacchio

Muy altos pueden ser los costos de todo aprendizaje. La reciente gira europea de Felipe de Jesús Calderón muestra que el político aguerrido no es necesariamente un buen jefe de Estado, pues nunca ha sido aconsejable fabricarse enemigos donde hay simples colegas ni ocuparse de contrincantes a quienes se supone vencidos.

Calderón fue a Davos a decir que el 2 de julio “los mexicanos decidieron en favor de la democracia, del mercado y de políticas públicas responsables y viables”. Difícilmente puede identificarse el triunfo adjudicado a la derecha con un éxito de la democracia, pues los manchones del proceso electoral fueron todos en beneficio de Calderón, no de sus rivales.

Incluso, es difícil sostener que cada voto por el PAN fue un apoyo al libre mercado, la especulación y los monopolios, como esos que hace unos días subieron hasta 50% el precio de la tortilla, con la complacencia del gobierno federal, que incluso llamó a firmar un acuerdo mediante el cual se bendijo el alza desproporcionada del principal alimento de los mexicanos.

Como si fuera un timbre de orgullo y no motivo de una prudente reserva, sin rodeos, dijo Calderón en Davos que está “siguiendo y expandiendo políticas públicas de gobiernos mexicanos que han sido exitosas, tanto del presidente Zedillo como del presidente Fox”. Ni más ni menos.

Es dudoso que Vicente Fox haya tenido algo que pueda entenderse como política. Lo suyo fueron las ocurrencias, los traspiés, las gansadas, no la política entendida como cuerpo de ideas y claridad de propósitos. En el caso de Zedillo, el otro gran fracasado, lo que dejó su actuación fue el espejismo de las cifras macroeconómicas en la charca del desempleo, la pérdida de soberanía, y la pobreza generalizada, en suma, un desastre que los sucesores se han empeñado en ahondar.

En los saldos de la gira presidencial tendrán que anotarse otros resultados ingratos, pues, sin que fuera necesario, Calderón reanudó su pleito contra los gobiernos de Venezuela y Bolivia, con los costos previsibles. Sugerir que son gobiernos totalitarios no sólo es un acto injerencista, contrario al respeto entre estados, sino contradice la voluntad de los pueblos de esos países, que en el caso de Bolivia eligieron por amplia mayoría a Evo Morales y resulta hasta ridículo frente al proceso de Venezuela, donde Hugo Chávez ha ganado por considerable mayoría en tres ocasiones en comicios celebrados bajo rigurosa vigilancia internacional, todo lo cual le hizo notar Luiz Inácio Lula da Silva al panista.

Pero los ataques de Calderón a gobiernos de países hermanos, lo mismo que la trasnochada defensa del ALCA, tienen como fin congraciarse con Washington. Forman parte de una estrategia que incluye la entrega de capos del narcotráfico y otros hechos lesivos a la soberanía nacional, favores que, por supuesto, la potencia imperial no tomará en cuenta porque los amores fáciles no suelen ser correspondidos.

En esta gira por Europa, Felipe de Jesús Calderón hizo en Berlín una lamentable confesión de impotencia, pues declaró que los jefes del tráfico de drogas aquí “estaban amenazando a jueces, fiscales, empresarios, ciudadanos, desde la prisión. Incluso habían ejecutado a varios jueces mexicanos (y por eso) tomamos la decisión de extraditar a 15 capos del narcotráfico que demandaba la justicia de Estados Unidos” (Reforma, 26/I/07). Según el diario La Jornada, Calderón habría dicho incluso que los capos “habían ejecutado a varios jueces mexicanos”. De cualquier manera, lo que exhibe esa lógica es que, cada vez que el gobierno panista no pueda resolver un problema, lo pondrá en manos de EU para su solución.

Pero, además de confesar su impotencia como gobernante, Calderón fue desmentido aquí por el Consejo de la Judicatura Federal, según el cual ningún juez ha solicitado que sea reforzada su seguridad y la relación de este organismo con la Procuraduría General de la República “es la que se tiene desde hace mucho tiempo” (Reforma, 26/I/07).

En este rosario de desgracias que ha sido la primera gira europea de Calderón, el inefable Manuel Espino le echó grueso leño a la hoguera al criticar, en el periódico madrileño La Razón, la política seguida frente al terrorismo por el presidente José Luis Rodríguez Zapatero, lo que obligó al equipo del mandatario mexicano a emitir un comunicado en el que expresaba su respeto por las decisiones del gobierno español y a cancelar la entrevista programada con Mariano Rajoy, el líder del neofranquismo, la que finalmente sí se realizó, aunque en lo oscurito.

Pese a todo, Espino se anotó otro éxito, pues con su presión llevó a que Felipe le prometiera a Zapatero entregarle etarras que se hallen en territorio mexicano, lo que constituye una nueva traición a la política de asilo seguida por México antes de que irrumpiera el entreguismo de Zedillo.

En fin, que a su regreso, para recuperar terreno, Felipe tendrá que dar un manotazo sobre la mesa y enviar a Espino a la embajada en Islas Fiji o someterlo por otros medios, pues un Presidente de la República no puede permanecer a la misma altura que el faccioso líder de su partido. En el pleito de las pandillas que se disputan la dirección del PAN, Calderón debe ser factor, no actor.

DE LA REVISTA CONTRALÍNEA

La mano dura de un presidente débil

Zósimo Camacho

La "seguridad nacional" se instala como el tema prioritario en la agenda de Felipe Calderón. La "amenaza" de la delincuencia organizada se convierte en la coartada para incrementar el presupuesto destinado a las labores de inteligencia, centralizar los mandos policiacos, militarizar el país y criminalizar los movimientos sociales. Especialistas coinciden en que la "mano dura" será la principal característica del nuevo gobierno.


Contrainsurgencia, objetivo militar

Nancy Flores

El perfil del artillero Guillermo Galván -el militar que en dos meses se volvió la mano derecha del presidente Calderón- semeja al de los ex secretarios de la Defensa Cuenca Díaz, Galván López y Cervantes Aguirre. Ni su nombramiento ni la relación de privilegio entre el gobierno federal y el Ejército son fortuitas: en este sexenio las Fuerzas Armadas serán "más diligentes para la repression y la contrainsurgencia", exponen académicos.


Consultar en : http://www.contralinea.com.mx/

sábado, 27 de enero de 2007

viernes, 26 de enero de 2007

ORANGUTANES VS REPORTEROS



La Jornada de Oriente viernes 26 de enero de 2007


Los guaruras de Roberto Marín Torres le fracturan la nariz a un periodista


Martín Hernández Alcántara

El periodista Mario Martell fue golpeado ayer por guaruras de Roberto Marín Torres, hermano del gobernador de Puebla, Mario Marín Torres. Los hechos sucedieron cuando el cronista del diario Intolerancia y otro colega intentaban entrevistar al familiar del titular del Poder Ejecutivo, pero su equipo de seguridad se los impidió violentamente.


Según información recabada al cierre de la presente edición, de la golpiza propinada por los guardaespaldas Martell resultó con la nariz fracturada. Otro reportero, Héctor Hugo Cruz, del periódico Cambio, también fue maltratado por los guaruras.


Los hechos sucedieron al final de un acto del Partido Revolucionario Institucional en el que se iba a conocer la propuesta de Javier Oliva. Martell y Cruz quisieron entrevistar a Roberto Marín, pero sus guaruras les cerraron el paso. Hubo una discusión y los empleados de seguridad arremetieron contra los periodistas, el más lastimado fue Martell.


Mientras los guardaespaldas agredían a los informadores, Roberto Marín se alejó del sitio. Luego regresó. Martell le reclamó por la golpiza, pero el hermano del gobernador le respondió: “Yo no vi nada”.


Al parecer, el presidente del Comité Directivo Estatal del PRI, Valentín Meneses Rojas, arribó poco después al lugar de los hechos y se llevó a Martell al hospital de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).


En el gremio de informadores de Puebla hay una percepción generalizada de que el gobernador y algunos de sus colaboradores y familiares los han maltratado, sobre todo porque en los primeros meses de la crisis que protagoniza Mario Marín Torres por su participación en la conjura contra la periodista Lydia Cacho, el mandatario echó mano de un fuerte equipo de seguridad que impedía que reporteros y fotoperiodistas se le acercaran.


En los hechos de ayer también llamó la atención la presencia de guaruras, pues hasta hace poco todos los actos del PRI carecían de cuerpos de seguridad privada y casi cualquier militante podía acercarse a los dirigentes y líderes de ese instituto político.


Al cierre de la edición no había una reacción del Partido Revolucionario Institucional sobre la agresión sufrida por el periodista Mario Martell.

jueves, 25 de enero de 2007

CESIÓN DE SOBERANÍA


Excelsior, 25 de enero de 2006

Humberto Musacchio

La entrega de capos del narcotráfico a Estados Unidos es una cesión de soberanía. La insistencia con que las autoridades repiten que fue un acto legal y hay tratados que obligan a hacerlo es una confesión no pedida que manifiesta culpabilidad. Lo confirman los elogios que le prodigan al gobierno mexicano funcionarios del vecino país del norte.


Algunos bienintencionados arguyen que fue lo mejor, pues dicen que los criminales, aun presos, seguían actuando desde dentro de las cárceles, donde tenían a su servicio a sus custodios y gozaban de privilegios incontables gracias al poder corruptor de su dinero. Hay numerosas pruebas de que así es, pero en ese caso el gobierno mexicano estaba obligado a actuar con toda energía para evitarlo y no, como ha ocurrido, a pasar el caso a la jurisdicción de otro Estado nacional.

Desde luego, existen tratados internacionales que obligan a entregar criminales a países que los reclamen por delitos cometidos en su territorio. Pero no todos los gobiernos aceptan extraditar a connacionales —Francia bajo ninguna consideración lo hace— ni tampoco se pueden omitir principios elementales de derecho en la entrega de prisioneros a otros países.

Para empezar, entre los delincuentes que México acaba de extraditar se cuentan algunos —quizá todos— que estaban cumpliendo penas en este país y todavía debían pasar años tras las rejas. Estaban en la cárcel porque cometieron delitos y bajo ninguna circunstancia resulta aceptable que dejen las prisiones mexicanas donde purgaban sus condenas.

Algunos de los extraditados, además de estar cumpliendo sentencias, tenían juicios pendientes o en curso. Si es cierto aquello de que el primero en tiempo es primero en derecho, correspondía a México llevar a término los juicios, dictarles sentencia y obligarlos a purgar íntegramente sus penas antes de pensar en mandarlos a otro país.

Por otra parte, al menos en algunos casos, estamos ante un ejemplo de extraterritorialidad. No todos, y quizá ninguno de los deportados, cometió delitos en territorio de Estados Unidos, pues sus actividades delictivas se desenvolvían en México. Para que procediera la extradición, tenían que haber probado que sus crímenes fueron cometidos allá, pero las autoridades mexicanas no se han molestado en dar a conocer las pruebas de que esa acción delictiva se hubiera producido más allá de nuestras fronteras.

Tradicionalmente, EU ha dicho que las drogas producidas en otros países envenenan a su población y, por lo tanto, se siente con derecho para exigir que se le entreguen criminales de diversas nacionalidades. Sin embargo, es difícil precisar si la coca que inhala un neoyorquino tiene origen colombiano, boliviano o ecuatoriano y es de plano imposible saber si la mota que se mete un habitante de San Francisco llegó de México o salió de la casa de un laborioso agricultor doméstico que se dedica a los cultivos hidropónicos en la zona de la bahía.

Algunos gobernantes, sabedores de su ilegitimidad y falta de apoyo popular, buscan en Washington lo que les falta en sus países. A ese proceder apátrida obedecen las extradiciones y la recepción de “ayuda” como aviones, helicópteros y armas que entrega EU dizque para combatir el narcotráfico, pero en realidad se emplean para reprimir los movimientos populares.


Un muy ilustrativo ejemplo de esa política y sus resultados lo ofrece Colombia, donde ya es vieja la intervención estadunidense, con dinero, armamento, tanques, carros de combate, aviones, helicópteros, defoliantes y personal militar. Esa política injerencista, alentada durante décadas por los gobernantes colombianos, no ha logrado acabar con la producción ni el tráfico de drogas.

Colombia, pese a tan impresionante despliegue, se mantiene como la gran potencia del narcotráfico, los delincuentes están apoderados de ciudades enteras —basta ver que en el centro de Bogotá hay un par de uniformados con ametralladoras cada media cuadra—, florece la inversión en actividades que propician el lavado de dinero y en más de la mitad del territorio la presencia del Estado es simbólica o de plano inexistente, eso sin contar con el enorme problema que hoy representan los grupos paramilitares creados dizque como respuesta a la guerrilla y los narcos. Hoy la presencia de militares extranjeros forma parte de la “normalidad” colombiana y los paramilitares son otra fuerza armada fuera de control y dedicada a actividades criminales.

Nadie va a resolver nuestros problemas como no seamos nosotros, los mexicanos. Nunca ha sido una política inteligente ni patriótica delegar en otras naciones lo que nos toca afrontar atenidos a nuestras fuerzas. Pero la derecha no se caracteriza por su inteligencia ni su patriotismo. Si la pretensión era emplear las extradiciones como cortina de humo para ocultar el alza de la tortilla, el tiro puede salir por la culata. Hay un pueblo agraviado que no tolerará más traiciones ni se conformará con nuevas dosis de atole suministrado digitalmente.

viernes, 19 de enero de 2007

Y ES APENAS EL INICIO




Tortillas y matemáticas
Rafael Segovia

El presidente de la República tiene varios títulos universitarios: es licenciado en derecho, economista del ITAM y tiene un diploma de la Kennedy School de Harvard. Son signos indiscutibles de su intención política, todos ellos revelan la intención de iniciar una carrera que, de tener el éxito esperado, culminaría en la Presidencia de la República. Incluso su matrimonio, si no se debió de manera exclusiva a esa intención primaria, sí coadyuvó a que el propósito inicial se lograra. Y se logró.

Si nos acercamos con más cuidado al currículum encontramos aún más rasgos de la intencionalidad primaria, que es la de querer ser un político. No se pretende destacar en derecho ni en economía: con un barniz basta con tal de que sea dado en instituciones de primera magnitud, como la Libre de Derecho, el ITAM, Harvard, cuya imagen es de primera magnitud, pero de derechas. Son conservadoras, tradicionales, caras, exclusivas. En cierto modo, son la antítesis, pongamos, de las carreras seguidas por rivales de poca monta, por gente como Creel o como la mayoría de los panistas, como los estudiantes y egresados de las universidades "patito" donde nuestra burguesía pretende desasnar a sus retoños.

Lo mucho o poco que el Presidente haya estudiado en esos centros del saber no le permite calcular el precio de la tortilla y su relación con el salario mínimo. Mejor dicho, no quiere entrar en esos cálculos ni llegar a las conclusiones que con toda frialdad alcanzan los empresarios, hombres siempre atentos a la defensa de la patria y de su economía. Subir los sueldos, dislocar el salario mínimo sería dislocar toda la economía: la tortilla puede subir, puede incluso dispararse, pero el salario debe seguir como lo que es, mínimo, no puede ponerse por debajo de su situación actual. Ni por un momento han pedido que las tortillas, así no fuera más, se mantengan en su precio actual. Que éstas suban de precio es una ley del mercado, de acuerdo con la cual, si todos los demás precios se mantienen estables pero uno sube, los beneficios de quienes controlen este último serán colosales.

El presidente de la República se ha refugiado en unas declaraciones tan vagas como confusas que se pueden resumir en una salida por la tangente: se subvencionará a las empresas para que generen empleo. De lo primero no se puede ni debe dudar, de lo segundo conviene ampararse en un sano escepticismo, o sencillamente en las propias declaraciones oficiales que nos indican la caída del poder adquisitivo de las clases asalariadas. El señor Calderón también se tapa con el corto plazo que lleva en la Presidencia. No le ha dado tiempo ni a pensar en una nueva política: para él los problemas son otros, no sólo el precio de las tortillas.

Su lucha es contra del narcotráfico, cuyos resultados espera con inquietud. Esta lacra y jugoso negocio lo ha heredado de gobiernos anteriores, tan impotentes unos como otros. El narcotráfico no ha sido controlado por nadie, por el contrario, en más de un caso, en varias publicaciones se ha visto como un fenómeno enraizado en ciertas regiones y grupos sociales a ciencia y paciencia de las autoridades, no sólo de México, sino de América Latina y de países europeos considerados impecables. Tampoco se puede aceptar que autoridades norteamericanas no estén involucradas en el negocio.

El problema es nuestro y, así no quiera aceptarlo, del Presidente, de su gobierno, de las autoridades locales, estatales, etcétera, pero siempre revertirá en él. No se trata de un problema de buena fe, de honestidad; estamos ante un problema de competencia política. Cada vez que hable de ley, de imperio de la legalidad, se pensará que, si el narcotráfico sigue con sus triunfos, éstos son beneficiados por un Estado de derecho fracasado.

La fuerza de un Estado está en reconocer sus errores, en admitir sus equivocaciones. Pese a las miserabladas del Partido Popular y sus jefes en España, aceptar el error de haber creído en la buena fe de los etarras era imperdonable y el señor Zapatero habrá de pagarlo. En México no hemos visto aún un caso análogo: el ex presidente Fox y señora hicieron cuanto les vino en gana y fueron encubiertos y apoyados por una justicia que de justicia sólo tenía el nombre. Se ha visto, es de conocimiento público, que Vicente Fox ha recibido regalos fastuosos a cambio de no sabemos qué, pero ahí están, en su rancho, a la espera de un museo donde se podrá admirar la corrupción nacional.

El presidente Calderón sabe de sobra lo endeble de su elección y de su gobierno. Pese a unos cuantos cortesanos que pretenden traer a colación el caso de Salinas de Gortari -quien supo inventar un gobierno que terminó siendo popular-, tal cosa sólo se produce en raras ocasiones y cuando se tiene a mano un Maquiavelo moderno como José María Córdoba. El actual valido no parece tener el mismo peso encima de los hombros. Queda, pues, que el Presidente imagine la manera de gobernar este país, ofrecerle una ilusión que no sea algo ya conocido, probado y fracasado. Puede ser una manera de cumplir así no sea más que una línea del programa ofrecido para sacar a los pobres de este país de su situación. Cumplir con la palabra dada le colocaría ante sus partidarios y sus rivales, e incluso de los enemigos que dice no tener, ante un panorama algo más tranquilo.


Reforma, 19-Ene-2007.