15 de mayo de 2008. Diario Excélsior.
El "Ya basta" de Calderón y los hechos
Humberto Musacchio
Notoriamente irritado, pues incluso golpeó el atril desde el cual hablaba, Felipe Calderón demandó a los ciudadanos que "no sean cómplices de la ilegalidad", responsabilizó a los medios de comunicación de compartir "la estrategia de sembrar el terror", anunció que él no se sumará "al abandono, la cobardía o la complicidad que permitieron que México llegara a esta situación" y calificó de "inaceptable" que los jueces propicien la impunidad al liberar a delincuentes.
Las gravísimas acusaciones implícitas en las palabras del michoacano merecen algunas precisiones. Para empezar, a los ciudadanos "cómplices de la ilegalidad" el Estado debe perseguirlos y castigarlos, pues para eso dispone de policías, agentes del Ministerio Público, jueces y cárceles.
Sin embargo, más allá de que el Estado deba hacer su tarea, cabe aclarar que los ciudadanos no son "cómplices de la ilegalidad", sino víctimas de ella y con frecuencia víctimas también de los abusos, la prepotencia y el autoritarismo de quienes deben combatir la ilegalidad, como lo muestra en forma fehaciente el hecho de que en cada una de las grandes operaciones contra la delincuencia haya particulares que son víctimas de allanamientos, golpes, detenciones arbitrarias y otras vejaciones. Pero si en la cúspide de la pirámide estatal se tilda a los ciudadanos de "cómplices de la ilegalidad", poco podrá exigirse a policías y militares que abusan de la población civil.
"El ya basta —quiso aclarar el habitante de Los Pinos— es también una exigencia a los medios de comunicación , precisamente, para que manifiesten y divulguen las acciones que están, precisamente, deteniendo la estructura de los criminales, para que no se convierta la estrategia de los criminales, que es una estrategia que busca sembrar terror, en una estrategia compartida por los propios medios de comunicación" (Excélsior, 13/V/08).
La "exigencia" parece superflua, pues los medios difunden —esa es su función— las acciones gubernamentales contra la delincuencia, de ahí que resulte incomprensible el exhorto de Calderón a unirse a la campaña contra el crimen, pues, hasta donde se sabe, no hay medios que hagan la apología de la violencia ilegal, sino que en todos los casos se le condena y se exige, eso sí, porque es un derecho, que las acciones del Estado sean eficaces para evitar, entre otras cosas, que más periodistas resulten "desaparecidos", acallados o asesinados.
De mayores consecuencias puede ser aquello de que "no nos vamos a sumar al abandono, a la cobardía o a la complicidad que permitieron que México llegara a esta situación". Se trata de una gravísima acusación en contra de quienes precedieron a Calderón al frente de las instituciones. Por supuesto, ya se ha señalado la abulia con que procedió o dejó de proceder Vicente Fox contra el auge delictivo y lo mismo puede decirse del inepto Ernesto Zedillo y aun de su antecesor.
Dicho de otra manera, Felipe Calderón acusa implícitamente a sus antecesores de haber abandonado la lucha contra el crimen, por cobardes o, peor aún, por ser cómplices de la delincuencia. Ni más ni menos. Sin embargo, priistas y panistas no se han dado por enterados y con su silencio aprueban lo dicho por el ocupante del Ejecutivo.
Por último, la referencia presidencial a los jueces que dejan en libertad a delincuentes tiene consenso. Muchos ciudadanos creen, sospechan o saben, por experiencia propia, que los jueces mexicanos, con las excepciones del caso, distan de ser justos, calificados y honestos.
Recientemente se publicó un dato que debería horrorizarnos, pues cerca de la tercera parte de los presos del país son inocentes, están sin juicio o el que se les sigue tiene ya varios años. Y mientras eso sucede, los verdaderos transgresores de la ley salen con una facilidad que espanta.
Calderón incluso citó el caso de un asesino de policías que estuvo preso tres veces y otras tantas quedó en libertad. Sobra decirlo, pero una campaña del Ejecutivo contra los jueces deshonestos contaría con un enorme apoyo social. Para empezar, convendría hacer las reformas necesarias con el fin de que todo juzgador esté sujeto permanentemente a auditoría y se castigue muy rigurosamente a los jueces enriquecidos en el cargo y aun a sus parientes que no demuestren el origen lícito de sus fortunas.
La podredumbre del aparato de impartición de justicia requiere acciones drásticas que dispongan de amplio consenso político y no sólo medidas cosméticas al estilo de Ernesto Zedillo, cuya única ocurrencia fue dejarnos un mes sin Suprema Corte.
Pero la batalla contra la delincuencia y la corrupción tiene que empezar por la propia casa. Mientras se solape la prevaricación y se proteja a quienes confunden la función pública y el interés privado, los ciudadanos desconfiarán de los llamados a participar en una guerra a la que van sin protección. Se requieren pruebas de que existe la disposición de combatir el enriquecimiento, el contratismo y el tráfico de influencias de altísimos funcionarios de esta administración. Por ahí hay que empezar
viernes, 16 de mayo de 2008
jueves, 8 de mayo de 2008
¡ SÍ SEÑOR !

El PRD como comparsa
Alvaro Delgado
México, D.F., 5 de mayo (apro).- La derecha contempla, gozosa y aun extasiada, el vergonzoso espectáculo entre las facciones que se disputan los principales cargos burocráticos en el Partido de la Revolución Democrática (PRD) que, este lunes, cumplió 19 años de haberse fundado bajo la tragedia de Sísifo, el rey griego condenado a empujar --al infinito-- una enorme roca hasta una cima, de la que ce reiteradamente.
La derecha, por supuesto, ha hecho evidente su incondicional apoyo a Nueva Izquierda, la corriente que ha copado a lo largo de casi dos décadas la estructura burocrática del PRD y que, con base en ello, como ocurrió este domingo 4 en el Consejo Nacional --controlado por los Chuchos--, nombró presidente a Guadalupe Acosta Naranjo y secretaria general a Marta Delia Gastélum.
En poco tiempo --horas, días, da lo mismo-- vendrá la respuesta: La Comisión Nacional de Garantías y Vigilancia --una especie de Poder Judicial partidario-- desconocerá a los representantes “chuchistas”, en razón de que los dos integrantes de esa instancia están identificados con la agrupación que apoya a Alejandro Encinas, al que ya había declarado virtual presidente del PRD con poco más de 80 por ciento de los votos computados.
Se presentará después --como ya todo mundo sabe-- la impugnación a esa determinación de la Comisión Nacional de Garantías y que, al cabo de otras escaramuzas, el futuro de la elección perredista estará en manos de los nueves magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF).
Cualquiera que sea la determinación de éste órgano jurisdiccional --que quedó bajo sospecha a pesar de su nueva integración--, se impondrá a la voluntad que emitieron con su voto miles de militantes perredistas, la mayoría sin duda al margen de los cochupos de sus dirigentes, igual que ocurrió con la elección presidencial de 2006 y que impuso a Felipe Calderón.
Pero la definición de qué corriente se impondrá en el PRD, al final, va mucho más allá de ese partido y a eso obedece el apoyo que la derecha que gravita en torno al PAN y al PRI ha dado a Nueva Izquierda, la corriente que liderean Jesús Ortega, Jesús Zambrano, Carlos Navarrete, René Arce, Guadalupe Acosta Naranjo y recientemente Ruth Zavaleta, elevada por la opinocracia a condición de ¡estadista!
El ala moderada del PRD, como llaman a los “Chuchos” los jilgueros de la derecha, es en realidad eufemismo de ineptitud electoral, tal como lo acreditan los resultados que el PRD ha obtenido en los estados donde esos personajes han impuesto su voluntad, algo que dicen abominar de López Obrador.
Aguascalientes, de donde es originario Ortega, el líder formal de Nueva Izquierda, es el caso cumbre: En los 19 años de vida del PRD no ha ganado nunca nada. Nada es nada, a pesar de que, en esos años, se ha renovado tres veces la gubernatura y ha habido seis elecciones trianuales de diputados locales y presidentes municipales.
En las elecciones de 2004, el PRD se situó en el tercer lugar, con 22 mil 916 votos, mientras que el PAN ganó la gubernatura con 190 mil. Apenas el año pasado, en las elecciones locales más recientes, el partido que Ortega controla en el estado se fue al cuarto lugar, con 5 por ciento de los votos, y el quinto en posiciones obtenidas, desplazado por Convergencia y el Partido Verde.
En las elecciones presidenciales de 2006, López Obrador les dio a los “Chuchos” lo que jamás habían soñado en Aguascalientes: La votación se elevó a 22 por ciento, muy superior al 7 por ciento que obtuvo Cuauhtémoc Cárdenas en el 2000.
En lo que ha sido eficaz Jesús Ortega en Aguascalientes es en los negocios para su corriente: Actualmente el único diputado federal es Antonio Ortega, justamente su hermano, quien antes fue diputado local, igual que su esposa, Norma González, directivos también del PRD estatal.
La esposa de Jesús Ortega, Angélica de la Peña, ha sido diputada federal dos veces, siempre por la vía de la representación proporcional, lo mismo que el único diputado local del PRD. No hay duda: Los gobiernos estatales, tanto del PRI como del PAN, son felices con el ala moderada perredista.
Lo mismo ocurre en Guanajuato, de donde es originario Carlos Navarrete, coordinador de los senadores del PRD y quien ha desplazado, por su protagonismo, a Jesús Zambrano, el ideólogo del “chuchismo” y frustrado aspirante a la presidencia de su partido en la capital del país.
Nueva Izquierda ha controlado el PRD de Guanajuato desde su fundación y Navarrete ha ocupado cargos relevantes como diputado federal en 1988, candidato a senador, diputado local y presidente estatal, lo que no se ha traducido en votos para el PRD, que ha sido una tercera fuerza sotanera.
Eso sí, Miguel Alonso Raya, profesor allegado a Elba Esther Gordillo y candidato a senador en las elecciones de 2000, ofreció en su campaña por la presidencia estatal del PRD dialogar “hasta con El Yunque”, la organización de ultraderecha que controla al PAN, que ha impuesto su hegemonía en todo los ámbitos, incluidos los caducos órganos electorales.
En la más reciente elección, en el 2006, concurrente con la federal, el PRD obtuvo más votos de los que se imaginó, a pesar del impresentable candidato que impuso Nueva Izquierda, Ricardo García Oceguera: Obtuvo sólo 10.82 por ciento. López Obrador, por su parte, logró 15.37 por ciento, casi diez puntos más que Cárdenas seis años atrás.
En Nayarit, de donde es Acosta Naranjo --exsecretario general y presidente por decisión de la facción a la que pertenece--, las cosas no son tampoco halagüeñas para el PRD que controlan los “Chuchos”: Después de haber gobernado el estado en alianza con el PAN, el perredismo se fue a pique.
En las más recientes elecciones, hace tres años, no sólo no ganó la gubernatura, sino que apenas conquistó una diputación de mayoría y una alcaldía. En los comicios del 6 de julio de este año no se prevén tampoco resultados mejores, pese a que reanudó la alianza de Acosta Naranjo con Antonio Chavarría, el empresario cocacolero que gobernó con arbitrariedad.
Y en Sonora, de donde es Jesús Zambrano, tampoco se puede ufanar el PRD de tener gran fuerza electoral, a pesar de que él ya no controla ese partido. Lo mismo ocurre en Puebla, donde Nueva Izquierda cuenta con la simpatía de Mario Marín, y en Oaxaca, donde los “Chuchos” gozan de la amistad de Ulises Ruiz.
Jesús Ortega criticó, en el festejo por el 19 aniversario del PRD, a la izquierda con vocación marginal y de oposición, condición que propuso cambiar por opción de gobierno. “La izquierda requiere no sólo de la fuerza para destruir el estatus quo, sino también la fuerza para construir el nuevo estado de cosas.”
Añadió: “La izquierda crítica, propositiva, moderna, es la que necesitamos, que también sabe pelear, pero que sabe construir soluciones.”
Uno esperaría que Nueva Izquierda, por lo menos donde Ortega y sus seguidores tienen presencia --como los estados descritos--, actúe con congruencia y predique con el ejemplo.
Pero francamente no se ve cómo los Chuchos puedan echar abajo la reforma privatizadora de Calderón con las 200 mil firmas que, anunció Ortega, buscarán juntas en los siguientes meses. Salvo que sea sólo parafernalia.
Porque, en realidad, el modelo de los “Chuchos” no es el de la eficacia electoral que preocupe a sus adversarios de la derecha, cuyos permanentes vítores sólo confirman el aserto. La marginalidad, y la comparsa, es el auténtico negocio, como Aguascalientes...
Alvaro Delgado
México, D.F., 5 de mayo (apro).- La derecha contempla, gozosa y aun extasiada, el vergonzoso espectáculo entre las facciones que se disputan los principales cargos burocráticos en el Partido de la Revolución Democrática (PRD) que, este lunes, cumplió 19 años de haberse fundado bajo la tragedia de Sísifo, el rey griego condenado a empujar --al infinito-- una enorme roca hasta una cima, de la que ce reiteradamente.
La derecha, por supuesto, ha hecho evidente su incondicional apoyo a Nueva Izquierda, la corriente que ha copado a lo largo de casi dos décadas la estructura burocrática del PRD y que, con base en ello, como ocurrió este domingo 4 en el Consejo Nacional --controlado por los Chuchos--, nombró presidente a Guadalupe Acosta Naranjo y secretaria general a Marta Delia Gastélum.
En poco tiempo --horas, días, da lo mismo-- vendrá la respuesta: La Comisión Nacional de Garantías y Vigilancia --una especie de Poder Judicial partidario-- desconocerá a los representantes “chuchistas”, en razón de que los dos integrantes de esa instancia están identificados con la agrupación que apoya a Alejandro Encinas, al que ya había declarado virtual presidente del PRD con poco más de 80 por ciento de los votos computados.
Se presentará después --como ya todo mundo sabe-- la impugnación a esa determinación de la Comisión Nacional de Garantías y que, al cabo de otras escaramuzas, el futuro de la elección perredista estará en manos de los nueves magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF).
Cualquiera que sea la determinación de éste órgano jurisdiccional --que quedó bajo sospecha a pesar de su nueva integración--, se impondrá a la voluntad que emitieron con su voto miles de militantes perredistas, la mayoría sin duda al margen de los cochupos de sus dirigentes, igual que ocurrió con la elección presidencial de 2006 y que impuso a Felipe Calderón.
Pero la definición de qué corriente se impondrá en el PRD, al final, va mucho más allá de ese partido y a eso obedece el apoyo que la derecha que gravita en torno al PAN y al PRI ha dado a Nueva Izquierda, la corriente que liderean Jesús Ortega, Jesús Zambrano, Carlos Navarrete, René Arce, Guadalupe Acosta Naranjo y recientemente Ruth Zavaleta, elevada por la opinocracia a condición de ¡estadista!
El ala moderada del PRD, como llaman a los “Chuchos” los jilgueros de la derecha, es en realidad eufemismo de ineptitud electoral, tal como lo acreditan los resultados que el PRD ha obtenido en los estados donde esos personajes han impuesto su voluntad, algo que dicen abominar de López Obrador.
Aguascalientes, de donde es originario Ortega, el líder formal de Nueva Izquierda, es el caso cumbre: En los 19 años de vida del PRD no ha ganado nunca nada. Nada es nada, a pesar de que, en esos años, se ha renovado tres veces la gubernatura y ha habido seis elecciones trianuales de diputados locales y presidentes municipales.
En las elecciones de 2004, el PRD se situó en el tercer lugar, con 22 mil 916 votos, mientras que el PAN ganó la gubernatura con 190 mil. Apenas el año pasado, en las elecciones locales más recientes, el partido que Ortega controla en el estado se fue al cuarto lugar, con 5 por ciento de los votos, y el quinto en posiciones obtenidas, desplazado por Convergencia y el Partido Verde.
En las elecciones presidenciales de 2006, López Obrador les dio a los “Chuchos” lo que jamás habían soñado en Aguascalientes: La votación se elevó a 22 por ciento, muy superior al 7 por ciento que obtuvo Cuauhtémoc Cárdenas en el 2000.
En lo que ha sido eficaz Jesús Ortega en Aguascalientes es en los negocios para su corriente: Actualmente el único diputado federal es Antonio Ortega, justamente su hermano, quien antes fue diputado local, igual que su esposa, Norma González, directivos también del PRD estatal.
La esposa de Jesús Ortega, Angélica de la Peña, ha sido diputada federal dos veces, siempre por la vía de la representación proporcional, lo mismo que el único diputado local del PRD. No hay duda: Los gobiernos estatales, tanto del PRI como del PAN, son felices con el ala moderada perredista.
Lo mismo ocurre en Guanajuato, de donde es originario Carlos Navarrete, coordinador de los senadores del PRD y quien ha desplazado, por su protagonismo, a Jesús Zambrano, el ideólogo del “chuchismo” y frustrado aspirante a la presidencia de su partido en la capital del país.
Nueva Izquierda ha controlado el PRD de Guanajuato desde su fundación y Navarrete ha ocupado cargos relevantes como diputado federal en 1988, candidato a senador, diputado local y presidente estatal, lo que no se ha traducido en votos para el PRD, que ha sido una tercera fuerza sotanera.
Eso sí, Miguel Alonso Raya, profesor allegado a Elba Esther Gordillo y candidato a senador en las elecciones de 2000, ofreció en su campaña por la presidencia estatal del PRD dialogar “hasta con El Yunque”, la organización de ultraderecha que controla al PAN, que ha impuesto su hegemonía en todo los ámbitos, incluidos los caducos órganos electorales.
En la más reciente elección, en el 2006, concurrente con la federal, el PRD obtuvo más votos de los que se imaginó, a pesar del impresentable candidato que impuso Nueva Izquierda, Ricardo García Oceguera: Obtuvo sólo 10.82 por ciento. López Obrador, por su parte, logró 15.37 por ciento, casi diez puntos más que Cárdenas seis años atrás.
En Nayarit, de donde es Acosta Naranjo --exsecretario general y presidente por decisión de la facción a la que pertenece--, las cosas no son tampoco halagüeñas para el PRD que controlan los “Chuchos”: Después de haber gobernado el estado en alianza con el PAN, el perredismo se fue a pique.
En las más recientes elecciones, hace tres años, no sólo no ganó la gubernatura, sino que apenas conquistó una diputación de mayoría y una alcaldía. En los comicios del 6 de julio de este año no se prevén tampoco resultados mejores, pese a que reanudó la alianza de Acosta Naranjo con Antonio Chavarría, el empresario cocacolero que gobernó con arbitrariedad.
Y en Sonora, de donde es Jesús Zambrano, tampoco se puede ufanar el PRD de tener gran fuerza electoral, a pesar de que él ya no controla ese partido. Lo mismo ocurre en Puebla, donde Nueva Izquierda cuenta con la simpatía de Mario Marín, y en Oaxaca, donde los “Chuchos” gozan de la amistad de Ulises Ruiz.
Jesús Ortega criticó, en el festejo por el 19 aniversario del PRD, a la izquierda con vocación marginal y de oposición, condición que propuso cambiar por opción de gobierno. “La izquierda requiere no sólo de la fuerza para destruir el estatus quo, sino también la fuerza para construir el nuevo estado de cosas.”
Añadió: “La izquierda crítica, propositiva, moderna, es la que necesitamos, que también sabe pelear, pero que sabe construir soluciones.”
Uno esperaría que Nueva Izquierda, por lo menos donde Ortega y sus seguidores tienen presencia --como los estados descritos--, actúe con congruencia y predique con el ejemplo.
Pero francamente no se ve cómo los Chuchos puedan echar abajo la reforma privatizadora de Calderón con las 200 mil firmas que, anunció Ortega, buscarán juntas en los siguientes meses. Salvo que sea sólo parafernalia.
Porque, en realidad, el modelo de los “Chuchos” no es el de la eficacia electoral que preocupe a sus adversarios de la derecha, cuyos permanentes vítores sólo confirman el aserto. La marginalidad, y la comparsa, es el auténtico negocio, como Aguascalientes...
lunes, 28 de abril de 2008
¡CON ESA BOQUITA BESA LA MANO DEL CAVERNAL!

El Universal, lunes 28 de abril de 2008
El carretonero
Lydia Cacho
Cuando creímos que México había visto todas las formas de cinismo y chabacanería reveladas a través de la política, llega el PAN para demostrarnos que siempre hay nuevas maneras de abusar del poder y de celebrar ese abuso. El gobernador de Jalisco, Emilio González Márquez, insultó con un muy cristiano “chinguen a su madre” a quienes le han criticado por su connivencia con el cardenal Sandoval Íñiguez y la derecha doblemoralina.
Todo parece indicar que el gobernador de Jalisco nunca se enteró de la división entre Iglesia y Estado, y ha decidido, donando sumas multimillonarias de recursos públicos, convertir a la curia jalisciense en su muy personal Secretaría de Desarrollo Social y a Televisa en su Secretaría de Turismo. Donó 90 millones para la construcción del Santuario de los Mártires Cristeros; y cuando se le pidió opinar sobre las 5 mil quejas interpuestas por jaliscienses ante la Comisión Estatal de Derechos Humanos, respondió que cuando vayan unos 3 millones de quejas empiecen a preocuparse, pues hay 6 millones de católicos en Jalisco. Germán Martínez, el joven presidente de Acción Nacional, ha defendido al jalisciense, al asegurar que no es ilegal dar recursos públicos a la Iglesia. Ambos dejan claro para quién gobierna su partido.
Nadie debería de sorprenderse de la doble moral e hipocresía de este gobernador que además protege a un procurador pederasta. Emilio González ha sido vinculado al sinarquismo, un movimiento que ha definido a la democracia como sinónimo de demagogia y libertinaje. Son anticomunistas y sus orígenes son profascistas. La Base, corazón del sinarquismo, fue presidida en los años 40 por Antonio Santacruz, un miembro eminente de la élite empresarial mexicana que mantenía lazos con el episcopado, los católicos americanos y el grupo Monterrey. El sinarquismo es heredero de los cristeros, para quienes ahora el góber piadoso construye un santuario con recursos públicos.
Pese a los problemas de salud, pobreza, transporte público y violencia que vive el estado de Jalisco, el gobernador ha elegido invertir dinero público en Televisa para la filmación de la telenovela Las tontas no van al cielo en Jalisco. Antes había pagado 67 millones de pesos para el evento juvenil de la televisora.
El gobernador parece decir: mientras Televisa y Dios estén conmigo, la sociedad que votó por mí, me vale madre.
Lo cierto es que el PAN está más cerca del PRI de lo que quisiera. Uno tiene a su góber precioso, el otro a su góber piadoso. Alguien debería decirle al mandatario de Jalisco que los fascistas no van al cielo.
Hace unos días refiriéndose a las candidaturas ciudadanas del PAN, Felipe Calderón recomendó a su partido que no fuera a dar candidaturas a personeros del narcotráfico. Curiosamente no voltea su mirada a los gobernadores que lo han rebasado desde la extrema derecha, y han llegado al poder con todos los trucos y discursos populistas. Bien dicen que la política es como un violín: se toma con la izquierda, pero se ejecuta con la derecha. Y Televisa está presente (por una módica suma) para transmitir el concierto de autoridades.
www.lydiacacho.net
jueves, 24 de abril de 2008
UNA VOZ SENSATA ENTRE TANTO MEROLICO
Excélsior, 24 de abril de 2008
Poder y no poder en el México actual
Humberto Musacchio
La negociación sin condiciones ni calificativos está a la orden del día, resulta incluso indispensable, pero es dudoso que en nuestra paupérrima clase política exista la grandeza que necesitan los grandes momentos históricos.
En medio de la abundante bisutería que arroja día con día la política mexicana, conviene levantar la mira para entender lo que está debajo de los conflictos de ocasión, de los debates, los silencios, la dispersión ideológica y los actos de fuerza. Más allá de los empeños del PRIAN por vender lo que resta de país, al margen de los conflictos que atraviesan a varios partidos y sin olvidar las manifestaciones de fuerza del PRD, es obvio que el poder no puede o, tal vez, que más propio sería hablar de la impotencia generada y generalizada por la confrontación de los poderes tanto institucionales como fácticos, legales e ilegales.
En buena medida, la urgencia de las fuerzas gobiernistas por rematar el patrimonio nacional obedece a una profunda desconfianza en las fuerzas propias de los mexicanos y en la falta de certezas sobre el mañana. Igualmente, como se saben viviendo al día, los perredistas optan por la ocupación de la tribuna en ambas cámaras.
Detentador de un poder legal que no consigue ganar la ansiada legitimidad social, Felipe Calderón da palos de ciego, el más peligroso de los cuales es haber sacado el Ejército a las calles por la desconfianza que le merecen las abundantes y corruptas policías que padecemos los mexicanos. Sin embargo, el resultado de una medida tan poco prudente ha sido que se le pierda el respeto a la institución castrense, pues si en los años ochenta y noventa eran casuales las bajas militares, hoy las mafias se enfrentan todos los días a los de uniforme verde y matan a oficiales y tropa.
Alguien debió advertirle al ocupante de Los Pinos que las Fuerzas Armadas representan la última línea de defensa del Estado, y que es muy peligroso para el Estado mandarlas a cumplir tareas policiacas y a enfrentar a un poder frecuentemente mejor armado, más numeroso y con medios económicos superiores. Cuando eso ocurre, a los militares se les cierra de hecho el camino de regreso a los cuarteles, a los que no pueden volver derrotados, pues de esa manera se evidencia que la nación ya no está protegida por ellos. Pero tampoco pueden seguir indefinidamente en las calles, sufriendo bajas cada vez mayores y mostrando su impotencia ante los delincuentes. Dicho más claramente, estamos frente al poder que no puede.
Frente a las fuerzas de la derecha, representadas por el PAN, el PRI y sus satélites, se levanta el PRD, partido que hoy se halla en su más profunda crisis, pues en él han coexistido dos grandes corrientes que hoy están a punto de la ruptura. El gobierno y en general la derecha apuestan a la escisión porque en ella ven la posibilidad de aislar a Andrés Manuel López Obrador y de ganar el apoyo de los llamados Chuchos, no porque necesiten sus votos —PRI y PAN juntos tienen mayoría—, sino por la urgencia de ganar legitimidad para la venta del petróleo y otros negocios.
Por supuesto, ya hay numerosas grietas que anuncian la ruptura total del PRD, pero calculan mal los enemigos de este partido porque de hecho así han vivido los aurinegros desde su origen y, más que nada, porque la irritación y el miedo del PRIAN no es al PRD y a sus legisladores, pues todos ellos hablan a fin de cuentas el mismo lenguaje. El gran temor es al movimiento que está en la calle y que hoy circunstancialmente dirige López Obrador.
Decir que el liderazgo de López Obrador es obra de las circunstancias no es en demérito del ex candidato presidencial. Antes que él fue Cuauhtémoc Cárdenas quien estuvo al frente de esas mismas multitudes y si por la cabecita loca de los extremistas pasa la idea de deshacerse de AMLO, no faltará quien ocupe su lugar, pues se trata de un movimiento que tiene dinámica propia y es muy capaz de generar su propia dirigencia.
Por hoy, López Obrador tiene un amplio consenso en la izquierda social, ese conglomerado informe y multicolor, en su mayoría plebeyo y sin más cultura política que la adquirida en la cotidiana gesta por ganarse la vida, masa diversa y contradictoria. Millones de mexicanos siguen a AMLO con total confianza, pero muchos más, o por lo menos otros tantos, lo consideran el causante de todos los males de la República y se oponen a él en forma militante.
Lo comprobable es que vivimos el desorden que sigue a todo fin de régimen, cuando se imponen las fuerzas centrífugas. Con un gobierno notoriamente incapaz, una oposición decidida pero que suscita una notoria animadversión; con las instituciones desacreditadas y la sociedad carcomida por los odios, a las puertas de una crisis económica mundial y en un ámbito internacional poco tranquilizante, parece llegada la hora de abandonar todo intento de imponerse al adversario. La negociación sin condiciones ni calificativos está a la orden del día, resulta incluso indispensable, pero es dudoso que en nuestra paupérrima clase política exista la grandeza que necesitan los grandes momentos históricos.
Pero si no hay acuerdo, lo que nos espera es el terror bonapartista, o algo peor: la barranca, el despeñadero.
Poder y no poder en el México actual
Humberto Musacchio
La negociación sin condiciones ni calificativos está a la orden del día, resulta incluso indispensable, pero es dudoso que en nuestra paupérrima clase política exista la grandeza que necesitan los grandes momentos históricos.
En medio de la abundante bisutería que arroja día con día la política mexicana, conviene levantar la mira para entender lo que está debajo de los conflictos de ocasión, de los debates, los silencios, la dispersión ideológica y los actos de fuerza. Más allá de los empeños del PRIAN por vender lo que resta de país, al margen de los conflictos que atraviesan a varios partidos y sin olvidar las manifestaciones de fuerza del PRD, es obvio que el poder no puede o, tal vez, que más propio sería hablar de la impotencia generada y generalizada por la confrontación de los poderes tanto institucionales como fácticos, legales e ilegales.
En buena medida, la urgencia de las fuerzas gobiernistas por rematar el patrimonio nacional obedece a una profunda desconfianza en las fuerzas propias de los mexicanos y en la falta de certezas sobre el mañana. Igualmente, como se saben viviendo al día, los perredistas optan por la ocupación de la tribuna en ambas cámaras.
Detentador de un poder legal que no consigue ganar la ansiada legitimidad social, Felipe Calderón da palos de ciego, el más peligroso de los cuales es haber sacado el Ejército a las calles por la desconfianza que le merecen las abundantes y corruptas policías que padecemos los mexicanos. Sin embargo, el resultado de una medida tan poco prudente ha sido que se le pierda el respeto a la institución castrense, pues si en los años ochenta y noventa eran casuales las bajas militares, hoy las mafias se enfrentan todos los días a los de uniforme verde y matan a oficiales y tropa.
Alguien debió advertirle al ocupante de Los Pinos que las Fuerzas Armadas representan la última línea de defensa del Estado, y que es muy peligroso para el Estado mandarlas a cumplir tareas policiacas y a enfrentar a un poder frecuentemente mejor armado, más numeroso y con medios económicos superiores. Cuando eso ocurre, a los militares se les cierra de hecho el camino de regreso a los cuarteles, a los que no pueden volver derrotados, pues de esa manera se evidencia que la nación ya no está protegida por ellos. Pero tampoco pueden seguir indefinidamente en las calles, sufriendo bajas cada vez mayores y mostrando su impotencia ante los delincuentes. Dicho más claramente, estamos frente al poder que no puede.
Frente a las fuerzas de la derecha, representadas por el PAN, el PRI y sus satélites, se levanta el PRD, partido que hoy se halla en su más profunda crisis, pues en él han coexistido dos grandes corrientes que hoy están a punto de la ruptura. El gobierno y en general la derecha apuestan a la escisión porque en ella ven la posibilidad de aislar a Andrés Manuel López Obrador y de ganar el apoyo de los llamados Chuchos, no porque necesiten sus votos —PRI y PAN juntos tienen mayoría—, sino por la urgencia de ganar legitimidad para la venta del petróleo y otros negocios.
Por supuesto, ya hay numerosas grietas que anuncian la ruptura total del PRD, pero calculan mal los enemigos de este partido porque de hecho así han vivido los aurinegros desde su origen y, más que nada, porque la irritación y el miedo del PRIAN no es al PRD y a sus legisladores, pues todos ellos hablan a fin de cuentas el mismo lenguaje. El gran temor es al movimiento que está en la calle y que hoy circunstancialmente dirige López Obrador.
Decir que el liderazgo de López Obrador es obra de las circunstancias no es en demérito del ex candidato presidencial. Antes que él fue Cuauhtémoc Cárdenas quien estuvo al frente de esas mismas multitudes y si por la cabecita loca de los extremistas pasa la idea de deshacerse de AMLO, no faltará quien ocupe su lugar, pues se trata de un movimiento que tiene dinámica propia y es muy capaz de generar su propia dirigencia.
Por hoy, López Obrador tiene un amplio consenso en la izquierda social, ese conglomerado informe y multicolor, en su mayoría plebeyo y sin más cultura política que la adquirida en la cotidiana gesta por ganarse la vida, masa diversa y contradictoria. Millones de mexicanos siguen a AMLO con total confianza, pero muchos más, o por lo menos otros tantos, lo consideran el causante de todos los males de la República y se oponen a él en forma militante.
Lo comprobable es que vivimos el desorden que sigue a todo fin de régimen, cuando se imponen las fuerzas centrífugas. Con un gobierno notoriamente incapaz, una oposición decidida pero que suscita una notoria animadversión; con las instituciones desacreditadas y la sociedad carcomida por los odios, a las puertas de una crisis económica mundial y en un ámbito internacional poco tranquilizante, parece llegada la hora de abandonar todo intento de imponerse al adversario. La negociación sin condiciones ni calificativos está a la orden del día, resulta incluso indispensable, pero es dudoso que en nuestra paupérrima clase política exista la grandeza que necesitan los grandes momentos históricos.
Pero si no hay acuerdo, lo que nos espera es el terror bonapartista, o algo peor: la barranca, el despeñadero.
martes, 22 de abril de 2008
LAS VUELTAS QUE DA LA VIDA
El Universal. Jueves 17 de abril de 2008.
Pemex desnacionalizado
Manuel Bartlett Díaz
No hubo sorpresa, Calderón presentó ini-ciativa para facultar al sector energético para abrir a la inversión extranjera toda nuestra industria petrolera, en contra de la Constitución.
El objetivo es manifiesto: extranjerizar ductos, transporte, almacenamiento, exploración, explotación, refinación. En esto consiste “flexibilización”, “ampliación de las capacidades de operación”, “disposiciones especiales que le permitan fortalecer su autonomía de gestión y técnica”.
La “autonomía de gestión” es un fraude para justificar contratos con empresas privadas que “amplían la capacidad de operación” con transnacionales bajo “contratos de servicios” inconstitucionales rebautizados como “contratos ampliados”. Para esto es la “autonomía”. Imponen el control del Presidente con un consejo de administración de cuatro “profesionales” con facultades exorbitantes, designados por el Ejecutivo, eliminando al Congreso y a la Auditoría Superior de la Federación.
La demanda de “autonomía” ha sido impedir que Hacienda utilice a Pemex como instrumento fiscal anulando su misión de garantizar la energía para el desarrollo nacional. La iniciativa burla el propósito y afianza el sometimiento a Hacienda, proponiendo un proceso que permitiría a Pemex utilizar gradualmente sumas determinadas de sus excedentes, ridículas, siempre y cuando cumpla con un plan estratégico que califica Hacienda.
Pretenden vender “bonos ciudadanos” indefinidos, disfrazando venta de acciones; los financieros extranjeros están al acecho.
La obcecación de explotar aguas profundas del Golfo de México con empresas extranjeras, mediante contratos de riesgo disfrazados, sólo se explica por la subordinación a transnacionales y sus países de origen, desesperados por apoderarse de todo el Golfo. Teniendo reservas en tierra y aguas someras, no urge el Golfo. No se llevarán el petróleo con popotes, Calderón lo quiere compartir.
Ridículo cómo cambian argumentos ante el desmoronamiento de los iniciales para sostener el compromiso privatizador. Ya no es la falta de recursos, ni alianzas para tener tecnología; ahora dicen que falta capacidad de operación, que no podemos avanzar solos, no hay tecnología; se requiere el conocimiento que sólo tienen extranjeros.
Vergüenza. Hemos tenido los mejores equipos de operación, ingenieros del más alto nivel jubilados anticipadamente, un Instituto del Petróleo de excelencia. Todo podemos reponer. Los pretextos invariables: la situación de Pemex, la importación de gasolinas y gas, petroquímica, su descapitalización criminal. Solucionarlo no requiere reformas, sino que el Presidente asuma su responsabilidad.
El proceso de desnacionalización es una historia de infamias, mentiras. Como el pueblo lo rechaza hay que engañarlo, para eso están las televisoras. No hay privatización, dicen, abriendo todo a la inversión privada apoyando la iniciativa con un demagógico discurso presidencial que la presenta como solución a la pobreza, que dará a todos los niños escuela, alimentación, cuando el saldo sería catastrófico.
El petróleo escasea, EU depende del crudo importado, Europa no tiene. La consigna es despojar a las empresas nacionales de sus reservas.
El Congreso de Estados Unidos vetó el intento de una empresa china de comprar una petrolera estadounidense decretando que el petróleo es de seguridad nacional. Aprendamos también: es de seguridad nacional para nosotros la explotación de nuestro petróleo. Debe estar bajo el exclusivo control de México.
Si explotamos, refinamos, transportamos vía transnacionales caemos en una dependencia aterradora. Si dependemos de su ingeniería, de su capacidad de operar, como no lo hemos hecho desde 1938, quedamos en sus manos, perdemos inteligencia y capacidad. Si permitimos contratos de riesgo disfrazados se apoderarán de nuestro patrimonio.
El desastre económico sería mayúsculo: expropiación de las ganancias de nuestra industria fundamental. Vulneraríamos la soberanía. La iniciativa no es del Ejecutivo, es parte del proceso diseñado en el exterior: el TLC, la fragmentación de Pemex, el contratismo internacional ilegal. Recordemos, desnacionalizar es colonizar.
Pemex desnacionalizado
Manuel Bartlett Díaz
No hubo sorpresa, Calderón presentó ini-ciativa para facultar al sector energético para abrir a la inversión extranjera toda nuestra industria petrolera, en contra de la Constitución.
El objetivo es manifiesto: extranjerizar ductos, transporte, almacenamiento, exploración, explotación, refinación. En esto consiste “flexibilización”, “ampliación de las capacidades de operación”, “disposiciones especiales que le permitan fortalecer su autonomía de gestión y técnica”.
La “autonomía de gestión” es un fraude para justificar contratos con empresas privadas que “amplían la capacidad de operación” con transnacionales bajo “contratos de servicios” inconstitucionales rebautizados como “contratos ampliados”. Para esto es la “autonomía”. Imponen el control del Presidente con un consejo de administración de cuatro “profesionales” con facultades exorbitantes, designados por el Ejecutivo, eliminando al Congreso y a la Auditoría Superior de la Federación.
La demanda de “autonomía” ha sido impedir que Hacienda utilice a Pemex como instrumento fiscal anulando su misión de garantizar la energía para el desarrollo nacional. La iniciativa burla el propósito y afianza el sometimiento a Hacienda, proponiendo un proceso que permitiría a Pemex utilizar gradualmente sumas determinadas de sus excedentes, ridículas, siempre y cuando cumpla con un plan estratégico que califica Hacienda.
Pretenden vender “bonos ciudadanos” indefinidos, disfrazando venta de acciones; los financieros extranjeros están al acecho.
La obcecación de explotar aguas profundas del Golfo de México con empresas extranjeras, mediante contratos de riesgo disfrazados, sólo se explica por la subordinación a transnacionales y sus países de origen, desesperados por apoderarse de todo el Golfo. Teniendo reservas en tierra y aguas someras, no urge el Golfo. No se llevarán el petróleo con popotes, Calderón lo quiere compartir.
Ridículo cómo cambian argumentos ante el desmoronamiento de los iniciales para sostener el compromiso privatizador. Ya no es la falta de recursos, ni alianzas para tener tecnología; ahora dicen que falta capacidad de operación, que no podemos avanzar solos, no hay tecnología; se requiere el conocimiento que sólo tienen extranjeros.
Vergüenza. Hemos tenido los mejores equipos de operación, ingenieros del más alto nivel jubilados anticipadamente, un Instituto del Petróleo de excelencia. Todo podemos reponer. Los pretextos invariables: la situación de Pemex, la importación de gasolinas y gas, petroquímica, su descapitalización criminal. Solucionarlo no requiere reformas, sino que el Presidente asuma su responsabilidad.
El proceso de desnacionalización es una historia de infamias, mentiras. Como el pueblo lo rechaza hay que engañarlo, para eso están las televisoras. No hay privatización, dicen, abriendo todo a la inversión privada apoyando la iniciativa con un demagógico discurso presidencial que la presenta como solución a la pobreza, que dará a todos los niños escuela, alimentación, cuando el saldo sería catastrófico.
El petróleo escasea, EU depende del crudo importado, Europa no tiene. La consigna es despojar a las empresas nacionales de sus reservas.
El Congreso de Estados Unidos vetó el intento de una empresa china de comprar una petrolera estadounidense decretando que el petróleo es de seguridad nacional. Aprendamos también: es de seguridad nacional para nosotros la explotación de nuestro petróleo. Debe estar bajo el exclusivo control de México.
Si explotamos, refinamos, transportamos vía transnacionales caemos en una dependencia aterradora. Si dependemos de su ingeniería, de su capacidad de operar, como no lo hemos hecho desde 1938, quedamos en sus manos, perdemos inteligencia y capacidad. Si permitimos contratos de riesgo disfrazados se apoderarán de nuestro patrimonio.
El desastre económico sería mayúsculo: expropiación de las ganancias de nuestra industria fundamental. Vulneraríamos la soberanía. La iniciativa no es del Ejecutivo, es parte del proceso diseñado en el exterior: el TLC, la fragmentación de Pemex, el contratismo internacional ilegal. Recordemos, desnacionalizar es colonizar.
lunes, 31 de marzo de 2008
UNA EDITORIAL MÁS DEL MAESTRO
La Jornada, domingo 23 de marzo de 2008
¿Derecha progresista, izquierda retrógrada?
Arnaldo Córdova
El oscurantismo es, entre otras cosas, el engaño sistemático en la interpretación de lo que piensan o proponen los contrarios y se presenta como lo opuesto de lo que ellos son o sugieren. Hoy la moda es, de nuevo, exhibir a la izquierda mexicana como retrógrada y a la derecha como la más progresista, la que quiere el bien del país y su desarrollo, como dice Juan Camilo Mouriño.
Hace dos semanas, Enrique Krauze publicó un artículo en el que desliza la siguiente tesis: los conservadores del siglo XIX mexicano eran proteccionistas; los liberales estaban por la libertad de comercio y la apertura al extranjero; luego los revolucionarios se hicieron proteccionistas y, hoy, la izquierda, de nuevo, se presenta como proteccionista. Recuerdo que, en los años cincuenta y sesenta, nuestros grandes historiadores llegaron a sugerir que, muchas veces, los conservadores tenían propuestas más avanzadas que los liberales en materia de desarrollo económico.
Sin afirmarlo, pero sugiriéndolo, Krauze siente que su derecha “liberal” es heredera de los liberales mexicanos del siglo XIX. No nos ha dicho qué piensa del voto particular de Ponciano Arriaga en el Constituyente de 1856-1857, sobre la cuestión de la tierra, que hizo que don Jesús Reyes Heroles (el grande) bautizara aquel movimiento de ideas como liberalismo social.
Krauze y Mouriño se ostentan como progresistas. Pero, ¿en qué consiste su progresismo? Piensan como los ideólogos del porfirismo: puesto que en México no hay suficiente capital, hay que traerlo de afuera. Los retrógrados revolucionarios mexicanos pensaban lo mismo, sólo que eso, según ellos, se debía hacer bajo reglas que evitaran se pusiera en peligro la soberanía de la nación. Para Krauze y Mouriño, como para sus congéneres del pasado, hay que traerlo y ya, sin restricciones estúpidas que lo puedan asustar, porque, entonces, volaría el pájaro.
Nunca hablan de las reglas y condiciones que se deben plantear a la iniciativa privada para que explote nuestras riquezas nacionales ni, mucho menos, se refieren a exigencias puramente técnicas que es indispensable pensar con cordura y con sentido común. Adrián Lajous nos entregó, hace dos sábados, un excelente ensayo sobre el petróleo en el que, sin adoptar posición ideológica ninguna, sólo nos ilustra sobre el hecho, técnicamente fundado, de que explorar, por ahora, en aguas muy profundas requiere de medios que no existen y, luego, iniciar su explotación, igualmente sin esos medios, sería una locura. Adrián se pregunta qué empresa privada (nacional o extranjera) se echaría el compromiso de llevar a cabo esas tareas haciéndose cargo de los riesgos que ello comporta.
Para nuestros derechistas mexicanos, López Obrador y la izquierda mexicana son retrógrados sólo porque defienden los principios constitucionales en los que se inscribe el deber de defender la soberanía de la nación, pero nos dicen que no quieren reformar la Constitución (sólo quieren anularla mediante leyes secundarias que violan su letra y su espíritu). Es típico de la derecha reaccionaria y pro imperialista nunca hablar de soberanía nacional. Ese no es su tema. Su tema es más bien el entreguismo sin barreras de los bienes comunes de los mexicanos a la iniciativa privada y, si ésta es extranjera y, en especial, española y franquista, cándidamente nos preguntan, “pero, ¿eso qué tiene de malo?” Una cuestión que tampoco la izquierda ha sido muy apta para rebatir.
Para esos derechistas no tiene ningún significado el que casi toda la banca privada esté en manos de extranjeros, ni les inquieta mínimamente el volumen de sus ganancias colosales con las que nos están sangrando. El grupo City Corp tiene en Banamex su única sucursal productiva en el mundo y los españoles ganan más con su banca aquí que en España. No les importa que todas las ramas importantes de nuestra economía estén en manos de compañías extranjeras. Hace tiempo nos pusieron de ejemplo a Corea del Sur. Ahora el gran ejemplo es Brasil. Deberían referirse a lo que esos países hicieron y hacen para preservar su independencia.
Es de reiterarse que la izquierda no está pidiendo, nunca lo ha pedido, que se expropie a ningún privado, aunque a algunos de ellos, como las grandes compañías de telecomunicaciones, se les podría hacer eso con la mano en la cintura si se respetaran y se aplicaran los principios constitucionales que, entre otras cosas, prohíben los monopolios. Pero, además, ¿cuándo, los derechistas nos han tratado con seriedad el problema de la pobreza? Como lo postulaban sus antecesores porfirianos, eso ya se verá después. Con el resultado de que ya no hay en su ideario una propiedad responsable de su función social, como lo marcan nuestra Carta Magna, su legislación civil y lo sostuvieron, muy firmemente, los principios de doctrina del PAN de 1939.
Frente a esta derecha depredadora, franquista y pro yanqui, sólo la izquierda se opone. Ella está haciendo conciencia en el pueblo empobrecido para que luche por su nación y contra los ladrones que la están saqueando. Habría que imaginar un México de hoy sin esa izquierda y sin su líder, tan sólo con el PAN y con el PRI en el poder. Eso es lo que éstos sueñan. Para la derecha, su máxima es el saqueo indiscriminado de todo el que se deje; para la izquierda, se trata de defender del saqueo lo que es nuestro, de enfrentar a sus enemigos (porque son eso) y poner en claro que aquí hay una fuerza que está empeñada en impedirlo.
PS. A mi artículo del domingo pasado le puse por título “El sentido de la democracia”. Todavía no sé qué quiere decir el que pusieron mis editores, “Reconocer y oponerse”, que, además, no guarda relación alguna con lo que allí escribí.
¿Derecha progresista, izquierda retrógrada?
Arnaldo Córdova
El oscurantismo es, entre otras cosas, el engaño sistemático en la interpretación de lo que piensan o proponen los contrarios y se presenta como lo opuesto de lo que ellos son o sugieren. Hoy la moda es, de nuevo, exhibir a la izquierda mexicana como retrógrada y a la derecha como la más progresista, la que quiere el bien del país y su desarrollo, como dice Juan Camilo Mouriño.
Hace dos semanas, Enrique Krauze publicó un artículo en el que desliza la siguiente tesis: los conservadores del siglo XIX mexicano eran proteccionistas; los liberales estaban por la libertad de comercio y la apertura al extranjero; luego los revolucionarios se hicieron proteccionistas y, hoy, la izquierda, de nuevo, se presenta como proteccionista. Recuerdo que, en los años cincuenta y sesenta, nuestros grandes historiadores llegaron a sugerir que, muchas veces, los conservadores tenían propuestas más avanzadas que los liberales en materia de desarrollo económico.
Sin afirmarlo, pero sugiriéndolo, Krauze siente que su derecha “liberal” es heredera de los liberales mexicanos del siglo XIX. No nos ha dicho qué piensa del voto particular de Ponciano Arriaga en el Constituyente de 1856-1857, sobre la cuestión de la tierra, que hizo que don Jesús Reyes Heroles (el grande) bautizara aquel movimiento de ideas como liberalismo social.
Krauze y Mouriño se ostentan como progresistas. Pero, ¿en qué consiste su progresismo? Piensan como los ideólogos del porfirismo: puesto que en México no hay suficiente capital, hay que traerlo de afuera. Los retrógrados revolucionarios mexicanos pensaban lo mismo, sólo que eso, según ellos, se debía hacer bajo reglas que evitaran se pusiera en peligro la soberanía de la nación. Para Krauze y Mouriño, como para sus congéneres del pasado, hay que traerlo y ya, sin restricciones estúpidas que lo puedan asustar, porque, entonces, volaría el pájaro.
Nunca hablan de las reglas y condiciones que se deben plantear a la iniciativa privada para que explote nuestras riquezas nacionales ni, mucho menos, se refieren a exigencias puramente técnicas que es indispensable pensar con cordura y con sentido común. Adrián Lajous nos entregó, hace dos sábados, un excelente ensayo sobre el petróleo en el que, sin adoptar posición ideológica ninguna, sólo nos ilustra sobre el hecho, técnicamente fundado, de que explorar, por ahora, en aguas muy profundas requiere de medios que no existen y, luego, iniciar su explotación, igualmente sin esos medios, sería una locura. Adrián se pregunta qué empresa privada (nacional o extranjera) se echaría el compromiso de llevar a cabo esas tareas haciéndose cargo de los riesgos que ello comporta.
Para nuestros derechistas mexicanos, López Obrador y la izquierda mexicana son retrógrados sólo porque defienden los principios constitucionales en los que se inscribe el deber de defender la soberanía de la nación, pero nos dicen que no quieren reformar la Constitución (sólo quieren anularla mediante leyes secundarias que violan su letra y su espíritu). Es típico de la derecha reaccionaria y pro imperialista nunca hablar de soberanía nacional. Ese no es su tema. Su tema es más bien el entreguismo sin barreras de los bienes comunes de los mexicanos a la iniciativa privada y, si ésta es extranjera y, en especial, española y franquista, cándidamente nos preguntan, “pero, ¿eso qué tiene de malo?” Una cuestión que tampoco la izquierda ha sido muy apta para rebatir.
Para esos derechistas no tiene ningún significado el que casi toda la banca privada esté en manos de extranjeros, ni les inquieta mínimamente el volumen de sus ganancias colosales con las que nos están sangrando. El grupo City Corp tiene en Banamex su única sucursal productiva en el mundo y los españoles ganan más con su banca aquí que en España. No les importa que todas las ramas importantes de nuestra economía estén en manos de compañías extranjeras. Hace tiempo nos pusieron de ejemplo a Corea del Sur. Ahora el gran ejemplo es Brasil. Deberían referirse a lo que esos países hicieron y hacen para preservar su independencia.
Es de reiterarse que la izquierda no está pidiendo, nunca lo ha pedido, que se expropie a ningún privado, aunque a algunos de ellos, como las grandes compañías de telecomunicaciones, se les podría hacer eso con la mano en la cintura si se respetaran y se aplicaran los principios constitucionales que, entre otras cosas, prohíben los monopolios. Pero, además, ¿cuándo, los derechistas nos han tratado con seriedad el problema de la pobreza? Como lo postulaban sus antecesores porfirianos, eso ya se verá después. Con el resultado de que ya no hay en su ideario una propiedad responsable de su función social, como lo marcan nuestra Carta Magna, su legislación civil y lo sostuvieron, muy firmemente, los principios de doctrina del PAN de 1939.
Frente a esta derecha depredadora, franquista y pro yanqui, sólo la izquierda se opone. Ella está haciendo conciencia en el pueblo empobrecido para que luche por su nación y contra los ladrones que la están saqueando. Habría que imaginar un México de hoy sin esa izquierda y sin su líder, tan sólo con el PAN y con el PRI en el poder. Eso es lo que éstos sueñan. Para la derecha, su máxima es el saqueo indiscriminado de todo el que se deje; para la izquierda, se trata de defender del saqueo lo que es nuestro, de enfrentar a sus enemigos (porque son eso) y poner en claro que aquí hay una fuerza que está empeñada en impedirlo.
PS. A mi artículo del domingo pasado le puse por título “El sentido de la democracia”. Todavía no sé qué quiere decir el que pusieron mis editores, “Reconocer y oponerse”, que, además, no guarda relación alguna con lo que allí escribí.
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